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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 337

Yago estaba sumamente molesto.

Molesto porque Vania no se había cuidado a sí misma en el pasado, y furioso por la forma en que Hugo la trataba.

Permitir que el hijo de su cuñada la arrojara al agua era el colmo.

Con el rostro oscurecido, preguntó:

—¿Hugo sabe que estás embarazada?

Vania negó con la cabeza, mostrando total indiferencia.

—No tiene por qué saberlo, y no pienso decírselo.

Mirando fijamente a Yago, añadió:

—Seguiré yendo a la oficina en mi horario habitual. Lo único que haré es no quedarme horas extras, o todo el mundo notará que estoy embarazada.

Yago guardó silencio un par de segundos y asintió.

—Está bien.

Cargó a Lunita, quien, al enterarse de que pronto tendría un hermanito, desbordaba felicidad.

Al regresar a la residencia Leal, la noticia llenó de alegría a todos en la familia.

Perla Leal rápidamente hizo que Vania se sentara y comenzó a compartirle toda clase de consejos para el embarazo.

Vania no guardaba recuerdos de su embarazo con Lunita, por lo que esta vez sentía como si fuera la primera.

Por su parte, Renato Leal y Don Zacarías ordenaron de inmediato al personal que elaborara un menú especial para ella. Debería actualizarse cada semana, ajustando los ingredientes a sus antojos y a las etapas del embarazo.

Un trato excepcionalmente cuidadoso.

—Yago, de ahora en adelante te encargarás de llevar a Lunita a la escuela. También tendrás que llevar a Vania, no dejaremos que siga manejando —sentenció Don Zacarías.

La familia Leal la trataba verdaderamente como a una hija propia, velando por ella en cada mínimo detalle.

Yago, contagiado por los nervios, sentía que le sudaban las palmas.

—Lo entiendo perfectamente.

En la mansión Yáñez.

Desde el incidente en el que Xavi empujó a Lunita, Cristina había estado observando de reojo cada reacción de Hugo.

Le había ordenado a Xavi que, pasara lo que pasara, negara todo de manera rotunda, mientras ella procuraba actuar con la mayor naturalidad posible.

Afortunadamente, pasaron los días y Hugo no volvió a mencionar el tema del evento deportivo, lo que le permitió por fin relajarse.

Vania, por su parte, siguió yendo a Corporativo Alba para afinar los detalles finales del proyecto.

Cristina se mantenía en alerta, evitando a toda costa que se quedara a solas con Hugo, temiendo que le contara la verdad.

Pero al ver que las aguas se mantenían en calma, la preocupación se esfumó.

*Sin duda, Vania ya comprendió que Hugo no siente nada por ella ni por la niña, y que quejarse no le serviría de nada. Por eso prefirió tragarse el coraje.*

Poco a poco, empezó a ver a Vania como alguien completamente inofensiva.

Cristina no terminaba de confiar.

Creía que Hugo lo pensaría un par de días, o tal vez incluso se negaría.

—De acuerdo. Haz lo que consideres necesario.

El rostro de Cristina se iluminó de pura alegría.

Hugo había aceptado sin vacilar.

—Gracias. Hablaré con mi primo; estoy segura de que le emocionará tanto la idea que no pegará un ojo en toda la noche.

Eufórica, Cristina salió en el preciso instante en que Miguel entraba a la oficina.

Miguel había escuchado cada palabra.

Sin levantar la vista, Hugo continuó escribiendo sobre unos papeles.

—¿Cómo ha estado mi abuela últimamente?

Sabiendo lo furiosa que estaba la anciana con él, Hugo no se había atrevido a pisar el hospital, por miedo a provocarle otro coraje.

Miguel respondió con sinceridad.

—Se encuentra estable, pero pregunta constantemente por la señora Yáñez. La extraña muchísimo.

Hugo apartó la vista de los documentos y le dirigió a Miguel una mirada aterradora.

—¿Acaso ella no ha ido a visitarla?

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