El mensaje de Cristina era claro: Vania no tenía cerebro, solo usaba sus encantos para seducir a los incautos.
Adrián hizo una mueca. Hugo miraba fijamente a Yago y a Vania, quienes estaban rodeados por una multitud; sus manos, apretadas en puños, demostraban una rabia incontenible y sus ojos destilaban veneno.
Al haber sido nombrada casi una nieta para Don Zacarías, los peces gordos del gobierno le ofrecían a Vania un trato privilegiado.
Y aunque de los labios de Cristina salían comentarios ácidos, su corazón estaba a punto de reventar de envidia.
Sin embargo, Mateo opinó lo contrario:
—No apostaría en su contra. Quizá nuestra cuñada realmente sea un genio en esto.
Adrián le lanzó una mirada despectiva, mientras Iker observaba a Vania con gran interés.
Iker siempre la había considerado hermosa, pero al ver cómo respondía a las preguntas de aquellos políticos con una fluidez y un dominio impresionantes, sus años de experiencia en las altas esferas de los negocios le gritaban que Vania era mucho más que una cara bonita.
Alguien sin conocimientos no podría sostener una conversación de ese nivel con esas personalidades, por mucho que quisieran adular a la familia Leal.
—¿Por qué no vamos a escuchar qué están diciendo? —sugirió Iker con entusiasmo.
El solo nombre de Proyecto Ánima sonaba a una mina de oro.
El rostro de Hugo se endureció.
—No hay nada que escuchar. Mejor esperemos a la presentación técnica oficial.
Cristina también pensaba que era una pérdida de tiempo.
Durante todos los años al lado de Hugo, ella siempre había sido el centro de atención.
Al perder su protagonismo, se sentía totalmente ignorada.
Además, acercarse en ese momento sería el equivalente a sumarse a los elogios hacia Vania.
Ella jamás trabajaría para que otra mujer se llevara los aplausos. Ni en broma.
Adrián, en la misma sintonía, aportó:
—Sigo pensando que es Cristina la que tiene verdadero talento. He estado al tanto del proyecto, y Facundo no ha dejado de tirarte flores.
En cada reunión conjunta entre ambas corporaciones, Vania apenas había hecho contribuciones; los manuales de procesos y los códigos parecían ser obra exclusiva de Cristina.


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