Antes de que Adrián pudiera hablar, Yago Leal tomó la palabra.
—No es para tanto. El señor Mendoza maneja negocios enormes y ahora se alió con Corporativo Alba, no hay mucho que pueda aprender de nosotros.
En este tipo de situaciones no hacía falta declarar quién estaba enemistado con quién, unas pocas palabras bastaban para revelar las intenciones.
Don Eugenio le lanzó de inmediato una mirada de disgusto a su nieto.
Llevaba apenas unos meses en el país, ¿cómo era posible que ya hubiera ofendido a la familia Leal?
Don Zacarías, un hombre con experiencia en la política, era mucho más astuto que Yago.
Lanzó una carcajada y palmeó a Adrián en el hombro:
—Es normal que los jóvenes quieran aprender. Yago, no te creas superior solo porque lograste un par de cosas. Don Eugenio, a Yago le gusta bromear, en un momento dejaremos que los jóvenes platiquen a solas.
Esas palabras llenas de tacto lograron relajar el ambiente de inmediato.
Los presentes asintieron en señal de acuerdo.
Al notar que la tensión disminuía, Cristina Figueroa tomó la iniciativa de acercarse nuevamente.
—Buenas tardes a todos. Soy Cristina Figueroa, vicepresidenta de Corporativo Alba. Esta presentación es un proyecto en conjunto entre Grupo Nexo y Corporativo Alba. Espero que más tarde puedan brindarnos sus valiosas opiniones. Nos esforzaremos por aprender de ustedes para que la próxima vez sea aún mejor.
La evidente desesperación por llamar la atención hizo que el grupo dejara de conversar.
Fue entonces cuando algunos repararon en Cristina, pero la reacción general fue fría.
En estos círculos sociales, si no había alguien que te presentara formalmente, todos cuidaban mucho su reputación, temerosos de relacionarse con personas que tuvieran dobles intenciones.
Adrián intervino rápidamente para ayudarla:
—Cristina tiene mucho talento, abuelo. Yo estuve presente durante la etapa final de este proyecto y la mayor parte del trabajo fue…
—Estoy platicando aquí con don Zacarías y con los demás señores. ¿Qué tienes que estar interrumpiendo, muchacho?
Don Eugenio frenó en seco la insistencia de su nieto. ¿Acaso no se daba cuenta de que las miradas de los presentes destilaban incomodidad e impaciencia?
Todos conocían muy bien a Hugo Yáñez de Corporativo Alba.
El mismo Hugo no se había acercado para buscar protagonismo, pero su nieto creía que era buena idea traer a una mujer de la nada para intentar colgarse de sus conexiones. Don Eugenio sentía que estaba quedando en ridículo.

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