La señora Leal soltó una carcajada cargada de indignación.
—¿Por qué no habría de creerte? Entonces te pregunto, ¿de verdad lo amas tanto?
Si así fuera, la señora Leal agradecía profundamente que Vania no hubiera visto cómo Hugo Yáñez acababa de tratar a Cristina; de lo contrario, la pobre chica habría sufrido muchísimo.
Vania suspiró con evidente impotencia.
—Madrina, le juro que no recuerdo nada de lo que pasó en los cinco años que estuve casada con él. Es la verdad.
Al ver su expresión tan sincera, la señora Leal no supo qué más añadir.
Sin embargo, había visto las fotos del pasado. Vania realmente había amado a Hugo con locura, así que solo asumió que la chica intentaba salvar su dignidad.
—Está bien, no hablemos más de eso. Ven, tu madrina te dará un recorrido por la casa.
Tras finalizar la velada y regresar a la mansión de los Leal, la señora le llevó un plato con fruta fresca a Vania a su habitación, tomó sus manos y se quedó charlando con ella.
Fingiendo que no le daba importancia, la señora Leal echó un vistazo a la muñeca de Vania. Efectivamente, ahí estaba la cicatriz casi imperceptible de su intento de suicidio.
De pronto, todas las palabras que tenía preparadas para convencerla de divorciarse se le atoraron en la garganta.
Con un brillo húmedo en los ojos, le habló con la mayor ternura maternal del mundo.
—Si no necesitas nada más, descansa temprano. Recuerda que llevas un bebé en el vientre.
Vania notó que la señora Leal actuaba un poco extraño esa noche. Se mostró sumamente cariñosa, conversando de todo, pero con una mirada de quien se guarda palabras en la punta de la lengua. No entendía qué pretendía.
Estuvo a punto de preguntarle, pero la mujer se puso de pie anunciando que también iría a descansar.
Tras tomar una ducha rápida, Vania se recostó en la cama y empezó a revisar su teléfono. Pronto sonó el timbre. La pantalla mostraba una llamada de Natalia Funes, así que contestó de inmediato.
Últimamente ambas habían estado tan ocupadas que llevaban casi medio mes sin hablar.
—¡Vani! ¿Estás en casa? ¿Estás bien? Te lo ruego, no importa lo que hayas visto o escuchado hoy, no vayas a cometer ninguna locura, ¿me oyes?
No olvides que nos tienes a Lunita y a mí. ¡Somos tu familia!
Vania no sabía si reír o llorar ante la desesperación de Nati.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...