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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 45

El cuerpo de Hugo se tensó al instante.

Apretó la mandíbula con tanta fuerza que casi se rompe los dientes.

Otra vez Julián.

Ja...

Cuando Marta vio entrar el auto al patio de la mansión, pensó que era Vania. Jamás imaginó que el que bajaría sería el señor Yáñez... trayendo en brazos a su esposa.

—Señor... la señorita Vania... digo, la señora, ¿se encuentra bien?

A medianoche, al ver a la señora arreglarse para salir, la sirvienta se había asustado tanto que llamó de inmediato al señor Yáñez.

Pero jamás esperó verla regresar oliendo a alcohol, totalmente ebria.

¡Y con esa ropa tan reveladora!

—Prepárale un té para la resaca —ordenó Hugo.

El rostro de Hugo era un tempano de hielo.

A Marta le dio un escalofrío.

—Y llévalo a la habitación principal.

Hugo subió las escaleras cargando a Vania, con la espalda recta como una tabla.

Marta pudo sentirlo: el señor Yáñez estaba furioso.

No me digas...

Marta se quedó helada. ¿La señora tiene a otro hombre?

Hugo arrojó a Vania sobre la cama. El movimiento la mareó y la hizo despertar a medias. Instintivamente, rodeó el cuello de su esposo con los brazos, hundiendo el rostro en su clavícula.

—Más despacio...

Las siguientes palabras se perdieron en un murmullo indescifrable, pero para los oídos de Hugo, sonaron como una invitación descarada.

Hugo se inclinó y la besó.

Ese simple nombre, Julián, lo había hecho perder la poca cordura que le quedaba.

El beso tenía el sabor ardiente del alcohol y el aroma inconfundible de la provocación.

Cuando Marta subió con el té para la resaca, escuchó ruidos extraños provenientes de la recámara principal.

A través de la puerta entreabierta, vio ropa esparcida por el suelo. Se ruborizó violentamente y decidió no entrar, llevándose el té de vuelta.

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