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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 49

El corazón de Vania latía desbocado. Retiró la mano de un tirón, como si se hubiera quemado.

Definitivamente, era un pervertido.

Apenas abría los ojos y él ya la estaba acosando.

Hablaba en acertijos, andaba medio desnudo con esa actitud desvergonzada...

A pesar del miedo, Vania no pudo evitar darle una última ojeada a su pecho y tragar saliva ruidosamente.

Pero al segundo siguiente, Hugo se apartó, y la atmósfera se volvió de hielo.

Le lanzó una hoja de papel tamaño carta directamente a la cara.

—Lee esto.

Confusa, Vania agarró la hoja. Si no la hubiera leído, habría estado bien, pero al hacerlo, su rostro pálido se encendió como una antorcha.

Un momento... ¿Yo escribí esto?

El título CARTA DE COMPROMISO estaba escrito en letras grandes y negras.

Y el contenido era humillante a más no poder.

Me comprometo a no volver a frecuentar establecimientos de dudosa reputación.

Me comprometo a no volver a contratar acompañantes masculinos.

Prometo no volver a realizar actos contra la moral pública.

¿Qué diablos era esto?

Y esa ni siquiera era su letra.

—Qué conveniente que ya hayas olvidado todo lo que hiciste anoche.

Hugo le arrebató el papel de las manos antes de que pudiera parpadear.

Y, frente a ella, lo guardó bajo llave en el cajón de su mesa de noche.

—La policía me hizo el favor de dejarme redactarlo por ti, pero esa huella digital es tuya.

De pronto, los recuerdos golpearon a Vania.

Recordó vagamente haber tocado a uno de esos chicos de compañía, uno que curiosamente se parecía un poco a Hugo.

Diablos...

Hugo se abalanzó de nuevo sobre ella, le agarró la barbilla y la obligó a mirarlo fijamente, sus narices casi rozándose.

Ese característico aroma a pachulí inundó los sentidos de Vania, acelerando su corazón a mil por hora.

—¿Fui insuficiente para ti y por eso tuviste que salir a buscar sobras, eh?

Vania quería que la tragara la tierra.

Su cara ardía de vergüenza.

Al ver su genuina confusión, Hugo apretó los puños a los costados.

Todo lo relacionado con él, con su entorno, ella lo había olvidado. Pero a Julián y a ese tío suyo, los recordaba perfectamente.

Mateo tenía razón.

Probablemente solo estaba fingiendo.

Pero no le importaba seguirle el juego.

Quería ver hasta cuándo podría mantener esa fachada.

—Y ya que te la pasas suspirando por tu ex, mañana también estará ahí.

La voz de Hugo era gélida, cortante hasta el hueso.

Vania frunció el ceño, sin entender a qué se refería con ex.

De pronto, un conjunto de ropa le cayó directo en la cara.

—Vístete y lárgate de mi cuarto.

A Hugo le había costado un esfuerzo sobrehumano apartar la vista del escultural cuerpo de Vania.

Al hablar, Vania había olvidado por completo que las sábanas se habían caído de nuevo, y se había quedado petrificada, completamente desnuda, escuchando su advertencia.

Si no fuera porque Hugo estaba convencido de que todo esto era un truco barato para seducirlo, no habría podido resistirse.

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