Tenía que descubrir quién movía los hilos en la sombra y qué era exactamente lo que pretendía.
La noche avanzaba y todos conversaban en la sala principal.
A Yago le encantaba tener la casa llena, especialmente desde que Vania y sus hijos se habían mudado; las risas infantiles le habían dado una nueva vida al lugar.
Luna cuidaba al pequeño Davisito como si fuera su mayor tesoro.
Apenas llegaba de la escuela, toda su atención se centraba en él: le daba el biberón, lo arrullaba y lo consentía con una destreza que no le pedía nada a la niñera.
—Me enteré de que el Corporativo Alba se fue a la quiebra, ¿es verdad?
Entre una cosa y otra, la conversación había derivado inevitablemente hacia la familia Yáñez.
La señora Leal se atrevió a mencionar el tema solo porque notaba que la sombra de Hugo Yáñez ya no lograba perturbar a Vania ni a su hija.
En realidad, lo que más les intrigaba era el destino de esa mujer que se había dedicado a hacerle la vida imposible a Vania.
Todos sabían que ella era la representante legal del Corporativo Alba, así que, por lógica, debía enfrentar a la justicia.
—Así es, el boletín oficial ya se publicó —confirmó alguien—. Cristina Figueroa aparece en la lista de morosos, pero logró escapar del país antes de que cerraran las fronteras.
—Huyó bastante rápido —comentó la señora Leal, frunciendo el ceño—. ¿Creen que alguien la haya ayudado a salir?
En el fondo, todos conocían la respuesta, pero por prudencia preferían no decirlo abiertamente frente a Vania.
Vania simplemente sonrió de lado. Le dio un poco de agua tibia al pequeño Davisito y le limpió la boquita con delicadeza.
—Es muy probable que Hugo lo haya orquestado todo —dijo Vania—. Una quiebra de esa magnitud, con deudas inmensas y tantos litigios de por medio, y al final resulta que el único caso que tiene en su contra es mi demanda. Aparte de los Yáñez, nadie tiene el poder para hacer algo así sin dejar rastro.
La propia Vania no dejaba de preguntarse qué clase de influencia manejaba realmente Hugo Yáñez para permitir que Cristina Figueroa saliera impune después de un fraude tan masivo.
—Queda claro que embargarla no sirvió de nada —añadió Vania, en cuya voz ya no quedaba ni una gota de aprecio por Cristina.
—Así parece.
Qué lástima que no pudiera atraparla con sus propias manos para exigirle la verdad sobre lo que ocurrió hace seis años.
En ese momento, el mayordomo entró a paso apresurado. Las conversaciones se apagaron de inmediato y todas las miradas se clavaron en él.
—El señor Yáñez está aquí...
Renato Leal y su esposa intercambiaron una mirada de preocupación. Don Zacarías, apoyado pesadamente en su bastón, preguntó con voz grave: —¿Mencionó a qué se debe su visita?
—El señor Yáñez trae equipaje —informó el mayordomo, sin atreverse a levantar la vista—. Presentó un Decreto de Seguridad Nacional y los guardias no tuvieron más remedio que dejar pasar su auto.
Yago palideció de asombro. Vania estrechó a Davisito contra su pecho, sintiendo que el corazón le daba un vuelco de pura ansiedad.
Todos los presentes sabían perfectamente el poder absoluto que otorgaba un Decreto de Seguridad Nacional.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...