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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 509

Hugo hizo añicos la copa de cristal con una sola mano. Miguel escuchó el crujido a través de la línea, pero ya estaba acostumbrado.

Era la enésima vez en el mes que sucedía algo similar.

Ya ni se inmutaba.

Solo sentía lástima por las costosas copas del señor Yáñez, que costaban miles de dólares cada una.

Tsk, tsk...

Pip, pip, pip.

La llamada se cortó abruptamente.

Hugo le había colgado.

Miguel torció el gesto, debatiéndose internamente sobre si debía informarle o no a doña Dolores.

La señora Zapata había dado a luz a un varón, pero aparentemente no era del señor Yáñez...

Menuda ironía.

Finalmente, decidió llevarse el secreto a la tumba, no quería provocarle un infarto a la anciana.

Hugo se bajó dos botellas y media de vino tinto. Su visión se volvió borrosa, pero su mente seguía tortuosamente lúcida.

El tono de llamada familiar de su teléfono logró despejar un poco la bruma de sus ojos.

Extendió la mano y contestó.

Una voz femenina acarició su oído.

—Hugo, ¿dónde estás? ¿No vas a venir a Villa Ébano?

Era la voz melosa y suave de Cristina Figueroa. En medio de la madrugada, su tono cargado de coquetería era una provocación directa.

Cualquier hombre en su sano juicio habría sucumbido a esa invitación tan descarada.

Hugo dudó un segundo, relajando ligeramente el agarre sobre el teléfono.

—¿Necesitas algo?

Por culpa del alcohol, su voz sonaba áspera y pastosa.

Para Cristina, sonó como si lo hubiera despertado.

Se quedó perpleja. Era de madrugada, y si Hugo no estaba con Vania, ¿acaso un hombre tan solitario no sentía deseos?

Cristina llevaba días buscándolo sin éxito.

Incluso por teléfono, él solo le dedicaba un par de palabras antes de colgar.

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