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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 639

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La maestra tomó la mano que Hugo le ofrecía y, por un momento, se quedó embobada por la sensación de su saludo.

Ese era el imponente señor Yáñez de Nueva Alborada.

Antes, casi siempre era Yago quien llevaba a la pequeña Luna a la escuela.

La maestra creía que Yago era el padre de la niña.

En la sala de profesores, siempre andaban cuchicheando sobre lo guapo que era el papá de Luna.

Quién iba a decir que no era Yago.

Sino la figura central que estaba en boca de todos en Nueva Alborada: Hugo Yáñez.

—¡S-Señor Yáñez, qué gusto conocerlo!

A la maestra hasta le temblaba la voz al hablar.

Vania le lanzó a Hugo una mirada gélida.

Hugo le devolvió la mirada, y Vania apartó los ojos de inmediato.

Ambos llevaron a Luna hacia el lugar que la maestra les había asignado.

Hugo no soltó la mano de Luna en ningún momento, y no paraba de intentar sacararle conversación a Vania. Ella, por su parte, lo ignoraba casi por completo, dejándolo hablar solo.

A Hugo no pareció importarle; de vez en cuando le regalaba una sonrisa tierna que Vania fingía no ver. Ella solo hablaba con Luna, preguntándole sobre las cosas que pasaban en la escuela.

Frente a sus amiguitos, Luna fue bastante cooperativa, sin mostrar el rechazo tan evidente de su madre hacia Hugo.

Se la pasó diciendo:

—Papá, pásame mi vasito. Papá, sírveme agua. Papá, dame una servilleta. Papá, se me desamarró la agujeta, amárramela.

Hugo cumplió cada petición con paciencia, sin soltar ni una sola queja. Los demás niños miraban con envidia, susurrando entre ellos. Resultaba que el papá de Luna no solo era súper guapo, sino también muy dulce.

—Luna, ¿tu papá también se apellida Zapata?

Uno de sus compañeros sintió curiosidad. El papá de Luna se veía imponente, seguro era alguien muy importante.

La curiosidad de los niños siempre supera a la de los adultos, y su habilidad para los chismes era aún mayor.

Luna respondió en voz alta:

—Mi papá no se apellida Zapata, mi papá se apellida Yáñez. Yo llevo el apellido de mi mamá.

El niño se quedó confundido.

—¿Tienes el apellido de tu mamá?

Luna asintió con fuerza.

—Sí.

Eso dejó a los niños boquiabiertos.

—Si llevas el apellido de tu mamá y tu papá te trata tan bien, ¡entonces seguro tu papá es un mantenido y la familia de tu mamá tiene muchísimo dinero!

Hugo, que escuchó todo, sintió cómo su dulce sonrisa se desvanecía, y su expresión se fue volviendo más sombría.

—No sé, déjenme le pregunto a mi papá.

Así que, sin ningún filtro, la pequeña Luna preguntó con su vocecita clara e inocente:

—Papá, ¿eres un mantenido que vive de arrimado?

Vania: —...

Hugo: —...

La pequeña Luna lo miraba con sus enormes ojos inocentes, esperando una respuesta.

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