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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 642

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Era imposible hablar con él.

Yago pensaba que la mente de Hugo era demasiado retorcida. Nunca sabías qué estaba maquinando o qué trampa te iba a poner en la siguiente frase.

Con razón había logrado posicionar al Corporativo Yáñez como el líder absoluto de Nueva Alborada a tan corta edad.

Se dio la media vuelta y salió, sin ganas de seguir perdiendo el tiempo con él.

Hasta la hora de la cena, Vania no soltó el celular, bajando la vista de vez en cuando para enviar un mensaje.

El pequeño Davis, que estaba a su lado, de pronto empezó a llorar.

Mientras Vania intentaba calmarlo, la mirada de Hugo se cruzó con la pantalla del celular que ella no había bloqueado a tiempo.

El nombre en el chat hizo que la expresión de Hugo se endureciera: 'Julián Herrera' brillaba claramente en la pantalla.

Con razón Yago no había querido decirle la verdad; estaba cubriendo el romance secreto de estos dos.

Ja.

Al final de cuentas, él seguía siendo su exesposo y ni siquiera había pasado un mes desde el divorcio. ¿Vania ya tenía prisa por volver a los brazos de su antiguo amor? ¿De verdad lo odiaba tanto, o esto lo tenía planeado desde hace tiempo?

Y como si fuera el destino, alcanzó a leer: 'Pasado mañana al mediodía en el Restaurante Las Acacias'.

Hugo levantó el vaso de agua frente a él y le dio un sorbo. El simple vaso de agua de pronto parecía una copa del vino más caro gracias a la elegancia con la que lo sostenía.

Vania aún trataba de calmar a Davis cuando la niñera se acercó con una sonrisa:

—Señorita, el niño se hizo del baño, voy a cambiarle el pañal.

Vania se sintió avergonzada. Era su propio hijo y ni siquiera se había dado cuenta de eso.

—Trabajas mucho y además te encargas de la escuela y las cosas de Lunita. No tienes por qué saberlo todo.

La señora Leal notó su culpa y trató de consolarla.

—Cuando Yago nació, yo tampoco entendía nada. Lloraba porque tenía hambre, se metía la manita a la boca desesperado y yo pensaba que quería jugar. Lo saqué a pasear media hora y cuando regresamos, por poco y se traga el biberón entero.

Al recordar las anécdotas de Yago, la señora Leal se soltó a hablar.

Yago solo suspiró, pero por evitar que Vania se sintiera mal, aguantó las burlas de su madre con tal de aliviar su carga.

—Si no entiendes ahora, no pasa nada. Como padre, yo también debería aprender y conocer mejor a mi hijo. Vania, si no te molesta, podemos pasar más tiempo con Davisito los dos juntos. Y cuando no estemos trabajando, podríamos llevarlo a él y a Luna a pasear al aire libre.

Hugo se había portado bastante bien últimamente, pero a Vania algo no le cuadraba.

Él solía hacer las cosas poco a poco para no ganarse su rechazo, pero esta vez parecía que llevaba prisa.

Vania no quería hacerle caso. O mejor dicho, si iba a aprender a conocer a su hijo, prefería hacerlo a su ritmo, no en un teatro de 'familia feliz' organizado por Hugo.

Hugo hablaba de pasar tiempo con el niño como si fuera el reporte de un proyecto. Vania pensó que si Xavier había terminado así, seguro era por esa actitud corporativa que tenía.

¿Acaso este hombre entendía lo que significaba un matrimonio, una familia, o siquiera el amor?

¿Se creía que la vida era una de las hojas de cálculo de su oficina, donde todo tenía que seguir una agenda exacta?

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