Al final, Vania no le dio ninguna importancia a las palabras de Hugo.
La única vez que Julián la buscó en los últimos cinco años, fue cuando recuperó la memoria.
Fue entonces cuando descubrió que era la esposa de Hugo, y ese papel la había dejado sin derecho a relacionarse con otros hombres.
No tenía intenciones de buscar pareja, pero la insistencia de Julián la había obligado a aceptar este encuentro.
Quería dejarle las cosas claras para que se olvidara de ella.
Desde el día en que se casó con Hugo, ya fuera consciente o inconscientemente...
Su historia con Julián había terminado para siempre.
Este año, el otoño había llegado antes de lo esperado a Nueva Alborada. Las hojas de los árboles que bordeaban las calles se habían teñido de un amarillo dorado; el paisaje era simplemente hermoso.
Julián citó a Vania en una cafetería a la que solían ir muy seguido cuando estaban locamente enamorados.
Cuando ella llegó, Julián ya le había pedido su postre favorito y un café aromático.
Llevaba un suéter holgado color beige. La música suave del lugar y las luces cálidas lo hacían lucir sumamente educado y elegante. Y la mirada con la que veía a Vania rebosaba de ternura.
Julián se puso de pie, pero cuando su vista recayó en Yara Quiroz, que venía acompañando a Vania, su sorpresa duró unos segundos antes de esbozar una sonrisa forzada.
—Pensé que estaríamos solos. ¿Trajiste a una amiga?
Su intención no era solo ponerse al día. En el bolsillo de su abrigo llevaba el anillo que había guardado durante seis largos años. Estaba decidido a conquistar a Vania esa misma tarde.
Pero bueno, un testigo más no le vendría mal.
—Hola, Julián, cuánto tiempo. Ella es mi... asistente, Yara Quiroz.
El tono de Vania era frío y formal, sin una gota de la calidez que habría entre amigos. Sonaba como si hubiera ido a cerrar un trato de negocios.
Llevar a una asistente en lugar de una amiga lo hacía ver casi como una burla.
La mirada de Julián se oscureció un poco, pero mantuvo la compostura.
—Mucho gusto, señorita Quiroz.
Yara no se sentó con ellos en la mesa ni le dirigió la palabra. Eligió un asiento con buena visibilidad, asegurándose de no perder de vista ningún movimiento de Vania, y ahí se instaló.
Vania volvió su mirada hacia Julián y le lanzó una pregunta como cualquier conocido haría.
—¿Por qué no trajiste a tu esposa? ¿Y Vanina?
Había escuchado que se habían casado, seguramente ya hasta tenían un hijo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...