Estaba harta.
Este hombre no sabía qué clase de problema apocalíptico tendría entre manos, pero si a Vania le tocaba apostar, diría que alguna de sus amantes lo necesitaba urgentemente en la cama para darle cariño.
De otra manera, ¿qué asunto podría hacer que el todopoderoso señor Yáñez saliera corriendo a la mitad de la noche como si llevara fuego en los zapatos?
Ojalá no volvieran a verse ni en esta vida ni en la próxima.
Vania recordaba la época en la que vivía aferrada a él como una garrapata y se moría de vergüenza.
La mera existencia de Hugo era un recordatorio constante de su época más humillante. Incluso sin todos sus recuerdos intactos, sentía un asco profundo hacia sí misma. Solo si ese infeliz desaparecía de la faz de la tierra podría fingir que ese oscuro capítulo de su vida jamás ocurrió.
«…»
Durante este tiempo, Yago había llegado a conocer bien a Hugo. Era un sinvergüenza de primera, con la cara más dura que el concreto y una terquedad digna de un toro.
Yago suspiró con resignación.
—Trataré de hacer lo que pueda, Vania.
El señor y la señora Leal intercambiaron una sonrisa cómplice. Muchas cosas ya les quedaban claras.
Echar a ese sinvergüenza profesional de la casa iba a costar sangre, sudor y lágrimas.
Vania no quedó muy satisfecha con la respuesta a medias de Yago, pero entendía que los Leal ya habían soportado demasiado. Hugo los había estado halagando descaradamente y ellos aún resistían sin ceder a sus manipulaciones, protegiendo a Davisito y a ella. No podía exigirles más.
—Si me permiten opinar, creo que la Comandante Zapata no debería gastar su energía en vano.
La voz de Yara Quiroz cortó el ambiente. Era una mujer de pocas palabras y cero entrometida, pero algo en el tono de Vania pareció moverle una fibra sensible, llevándola a abrir la boca.
¿Eh?
—El Comandante Yáñez fue mi superior en el pasado —continuó Yara, imperturbable—. Cuando ese hombre toma una decisión, jamás da un paso atrás. Y créanme, hay muy pocas personas en este mundo capaces de hacerle cambiar de opinión.
Vania tuvo que darle la razón a Yara. Ser tan cínico y aferrado no era algo que una persona normal pudiera lograr.
El avión de Hugo aterrizó en San Cristóbal a las ocho de la noche, hora de Nueva Alborada.
Cuando llegó a la ubicación de la finca y Cristina Figueroa lo vio entrar, la mujer no mostró ni una pizca de pánico. Al contrario, puso una cara de dolorosa inocencia.
—Cuñado, qué alivio que estés aquí. César, mira, es tu hermano mayor.
César miró a Hugo con unos ojos fríos y vacíos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...