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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 654

Mateo Quintanilla miró a César con una expresión impasible.

—César, ¿la amas mucho? ¿A Cristina?

—Sí —respondió César sin dudar—. Es mi esposa, y la amé lo suficiente como para casarme con ella. No quiero que nadie venga a perturbar la paz de nuestra familia.

Hugo y Mateo observaron cómo César regresaba al interior de la finca antes de subir al auto. Ninguno de los dos encendió el motor de inmediato.

—¿Así que me hiciste volar en tu jet privado hasta aquí solo para ver cómo estaba César? Que esté vivo ya es un milagro digno de estudio —comentó Mateo.

Hugo soltó una carcajada amarga.

—No es ningún milagro. Él jamás subió a ese avión.

Las pupilas de Mateo se dilataron por la sorpresa.

—¿No se subió? ¿A qué te refieres?

Hugo esquivó la pregunta y le lanzó otra de vuelta.

—¿No notaste algo raro allá adentro?

Por algo había llevado a Mateo con él. Tenía un propósito claro.

—No hace falta que lo menciones, ya lo vi.

César mostraba una apatía absoluta hacia su propia familia de sangre, pero su devoción por Cristina era enfermiza.

Toda su atención, su lealtad y su amor estaban enfocados única y exclusivamente en ella. Era como si lo hubieran drogado o le hubieran dado algún brebaje de control mental.

—¿No te parece que el comportamiento de César es una copia exacta de cómo actuaba Vania conmigo hace cinco años? —preguntó Hugo.

Como médico de cabecera de Hugo, Mateo era quien más trato había tenido con Vania en el pasado. La había visto al borde de la locura, dispuesta a morir y matar por Hugo. Mateo sabía que la mirada que ella le dedicaba superaba los límites del amor sano; era una mezcla tóxica de acoso enfermizo y control obsesivo, tan grave que la empujaba a la automutilación cuando no lograba su objetivo.

—Si me guío por la mirada, sí. Y en cuanto a su comportamiento, esa frialdad repentina hacia ti y hacia mí es casi idéntica a la que muestra Vania ahora. El problema es que en estos cinco años no habíamos tenido contacto con él. La única que sabe qué demonios pasó realmente aquí es Cristina.

Hugo apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—Pero Cristina no salió de Nueva Alborada en todo ese tiempo.

Y si César no estaba muerto, y su obsesión por Cristina era tan extrema como la que Vania sentía por él en el pasado, jamás le habría permitido vivir lejos de él durante cinco malditos años.

—Alguien más tuvo que ayudarla a controlarlo —dedujo Mateo—. Cristina ya no tenía salida. César era la última carta que le quedaba para protegerse.

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