—¿Qué traen? ¡Va directo por ella! ¡Eso ya está rompiendo las reglas de Monte Gris!
—¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!
—¡Reglas! ¡Reglas! ¡Reglas!
La tribuna explotó.
A todos les dio asco la forma de correr de Cuervo, ese El Rey Novato.
Y en la pista, Kiara, encerrada por tres motos y con Sombra lanzándose encima…
ya estaba justo por el centro de la curva.
Si no bajaba la velocidad, Fantasma iba a perder el control.
Pero Kiara no esquivó.
Al contrario: en el punto medio de la curva, le metió más.
—¡No mames! ¿Esa morra está loca? ¿En una curva así y no frena… todavía acelera?
—¡La están cerrando por todos lados y encima Cuervo! Aunque acelere, ¿por dónde se va a ir?
—¡Ni aunque sea la Fantasma de Skye aguanta eso! ¡Se va a descontrolar!
—¡Con esa inercia se va a salir volando!
El público gritó, como ola.
En la pista, la parte trasera de Fantasma se abrió, rozando la barrera de la curva en un ángulo mínimo, imposible.
Y entonces…
sí: salió volando.
Se elevó.
A todos se les hizo un nudo en la garganta al ver a Fantasma en el aire; se quedaron con los ojos abiertos de par en par.
El rugido del motor retumbó.
La moto plateada y negra, ya en el aire, era tan rápida que apenas se alcanzaba a ver un rastro.
Era una locura.
Cualquiera sabía que, a esa velocidad, despegar las llantas del piso era peligrosísimo.
Porque lo vieron con sus propios ojos:
Kiara, sobre la moto de Skye, acababa de hacer una maniobra igual de demencial.
Se fue por el aire, cruzó de un tramo a otro y cayó en la siguiente sección.
De un jalón, amplió todavía más la distancia con las demás motos.
En medio del caos, uno de los pilotos del club se desconcentró y se estampó contra la barrera de la curva. Salió volando.
Lo de hace un segundo…
había sido peligroso y espectacular al extremo.
¿Así era Fantasma, la moto de Skye?
¿Cualquiera que pudiera controlarla era así de fuerte?
Daba miedo.
¿Quién demonios podía tener la técnica para, con Cuervo —ese al que le dicen el “Rey Novato de la Muerte”— encima, librarse de esa manera… y salir intacta?

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