Y Cuervo…
De no ser por su gran habilidad al volante, y por haber reaccionado a tiempo ante la jugada casi sobrehumana de Kiara para enderezar el manubrio, también habría acabado igual que ese otro piloto: ¡saliéndose de la pista!
Pero aunque logró estabilizar la moto…
la distancia entre él y Fantasma se hizo todavía más grande.
Esa escena le aflojó las piernas a Catalina. Se aferró con todas sus fuerzas al barandal, el cuerpo rígido, clavando la vista en la pantalla donde la moto plateada con negro se movía como una sombra. Tenía los ojos rojos, al borde de las lágrimas.
Kiara… ¿cómo podía ser tan buena?
Aunque ella no sabía nada de carreras…
hasta ella alcanzaba a ver lo que acababa de pasar: ¿qué nivel de pericia se necesitaba para hacer una maniobra así?
En el instante en que Fantasma “voló”, todas las pantallas mostraron su silueta plateada y negra, limpia y fluida.
La pantalla gigante, con una vista completa, lo proyectaba como si la sombra de esa moto pesada pasara por encima de sus cabezas.
Catalina incluso sintió —o creyó sentir— el golpe de aire caliente del escape pegándole en la cara.
Se le puso la cara verde del coraje.
Una pueblerina…
¿cómo demonios podía ser tan buena?
Catalina estaba impactada… y al mismo tiempo se moría de rabia.
Apretó los puños y de inmediato buscó a Patricio en otras pantallas.
Y entonces lo vio…
Su Pachi iba en último lugar.
La diferencia con Kiara era abismal.
¿De verdad era así de malo?
¡Qué vergüenza!
De este lado, ella estaba que echaba humo.
Del otro, estaban eufóricos.
Eloísa gritaba, desatada:
—¡Aaah! ¡Kiara! ¡Te ves increíble! ¡Eres la más increíble! ¡La número uno!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste