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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 752

Como ya estaba en el suelo, optó por arrodillarse y arrastrarse hacia él, suplicando:

—¡Papá, yo no tengo ningún motivo para lastimar al abuelo!

—¿Echarte la culpa? —Luis soltó una carcajada cargada de rabia, una risa tan sombría que ponía los pelos de punta.

Aunque acababa de regresar, ya estaba al tanto de todo.

Simón ya le había contado cómo, desde que Kiara llegó a Aquilinia, le había salvado la vida a Silvia Quintana, y cómo se había dedicado a cuidar la salud de ambos ancianos, elaborando un plan de tratamiento completo para ellos.

¿Qué motivos tendría Kiara para querer lastimar a su abuelo?

Con sus increíbles habilidades médicas, usar un método tan bajo y burdo era simplemente indigno de ella.

Además, la actitud de Adriana dejaba en claro que su conciencia estaba sucia.

—Consigan las grabaciones de las cámaras de seguridad —ordenó Luis con voz glacial.

Al escuchar la palabra cámaras, el pánico en los ojos de Adriana desapareció por un segundo.

Como si de pronto hubiera recuperado la confianza, adoptó una postura desafiante, irguiéndose con terquedad:

—¡De acuerdo! No tengo nada que ocultar. Revisen las cámaras. ¡Con eso demostraré mi inocencia!

Desde el momento en que decidió llevar a cabo su plan, ya había cubierto todas sus huellas.

¡Había dejado todo bien atado!

Le había ordenado a Augusto que saboteara las cámaras de la habitación.

Incluso las copias de seguridad en la nube habían sido eliminadas por completo.

¿Querían investigarla? ¡Imposible!

Poco después, el subdirector de la clínica y el guardaespaldas que Luis había enviado regresaron corriendo.

—Señor Quintana, el sistema de seguridad de la habitación colapsó. Las grabaciones de ese lapso de tiempo desaparecieron por completo.

—¿Desaparecieron? —Luis entrecerró los ojos y escrutó a Adriana—. Qué casualidad tan oportuna.

Adriana, al parecer incapaz de notar el sarcasmo helado en su voz, se apresuró a adoptar un tono de justa indignación:

—¿Cuál casualidad? ¡Seguro fue Kiara! Sabía que la iban a descubrir y por eso borró las grabaciones.

Al ver su patética actuación, Kiara no pudo evitar soltar una risita.

—¡De qué te ríes! —gruñó Adriana, apretando los dientes.

La sonrisa arrogante de Adriana se desvaneció, y sus pupilas se dilataron.

Ese video... era de las cámaras de la habitación de sus abuelos.

¿Cómo era posible?

Ella misma había hecho una videollamada con Augusto y lo había visto destruir las grabaciones con sus propios ojos.

¿Cómo diablos las habían recuperado?

¡¿Cómo demonios lo hizo Kiara?!

En la grabación, se veía a Adriana dentro de la habitación, actuando como una nieta ejemplar. Les servía té y agua a los abuelos, mostrando una excesiva amabilidad, pero era evidente que tenía la mente en otro lado.

Luego, comenzó a pasearse por el cuarto de manera sigilosa. Caminaba de un lado a otro con las manos en los bolsillos, mirando de reojo en todas direcciones.

Hasta que finalmente se acercó al rincón donde estaba el humidificador.

Sin embargo, ese punto exacto era un punto ciego para la cámara.

Cuando Adriana llegó ahí, desapareció de la imagen.

...

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