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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1027

"Hana"

¡Mi jefe solo podía estar ciego! Estaba dándole mucho espacio a ese sinvergüenza de Rafael. ¡Ay, no me gustó para nada ese hombre! Tenía algo que no me caía bien. Parecía ser tan presumido, atrevido y falso, se quedaba con sonrisitas para Fernando, pero estaba interesado en Melissa. Esto estaba muy mal. Y ahora, me aparece con una hija, padre soltero... ¡ah, ya! La mujer debe haber huido de él por alguna razón y él se robó a la hija. Hasta sentía pena por esa madre y ni siquiera sabía quién era.

Yo era buena para percibir a las personas y ese tal Rafael no era buena gente, pero de verdad que no. Pasé la mañana rumiando este embrollo, hasta tenía el estómago revuelto, entonces a la hora del almuerzo fui a la cafetería del hospital en busca de algo ligero para comer. Pero adivina quién estaba ahí para perturbar mi paz. Claro, el tal Rafael.

Traté, juro que traté de quedarme callada, pero esa actitud falsa suya sonriéndole a la empleada de la cafetería, esa voz suave, agradeciendo, siendo exageradamente gentil, todo me parecía muy forzado y falso. Desde el primer momento me irritó profundamente. Entonces se volteó y se topó conmigo, la sonrisa murió inmediatamente en sus labios, claro, para mí no había sonrisas, él sabía que yo sabía que era un gran mentiroso.

—Con permiso. —Pidió y dio un paso hacia el lado, pero yo lo acompañé.

—Mira, ya me di cuenta de tu jueguito, así que te voy a dar una advertencia, no trates de aprovecharte de Melissa solo porque Fernando anda trabajando mucho. Aléjate de ellos. —Le advertí.

Fernando y Melissa eran buenas personas y podían no percibir el peligro, pero yo ya había conocido a un hombre así, con el comportamiento exactamente igual al de ese Rafael, entonces sabía que detrás de la máscara de buenito, gentil y educado, había un agresor, opresor, machista y aprovechado.

Sufrí el infierno con aquel hombre que dejé entrar en mi vida, no tuve a nadie que me alertara y me impidiera caer en su tela de araña y caí y acepté cada humillación, cada degradación, cada agresión, hasta no soportar más. Después, para librarme de todo aquello fue como si hubiera tenido que morir para nacer de nuevo, fue difícil, doloroso y cruel. Y por eso no dejaría que ninguna mujer que conociera cayera en ese canto de sirena, en el encanto y seducción de esos hombres manipuladores y enfermos.

—Señorita, creo que se está pasando mucho de los límites. Es mejor parar aquí. —Me miró, los ojos fríos, ahí estaba, el hombre que yo sabía que era.

—No voy a parar, no hasta que los dejes en paz. ¡Me estás escuchando! Conozco tu tipo, sé bien cómo actúas, haciéndote el buenito, el amiguito, inventando mil excusas para acercarte. Hasta me pregunto si tu hija realmente se quebró el brazo en la clase de educación física o si eso es lo que quieres que la gente crea. —Lo miré, sin miedo, a pesar de nuestra considerable diferencia de altura, por lo menos unos treinta centímetros más que yo tenía él.

—¡No te atrevas a meterte con mi hija! —Rechinó los dientes.

—Estoy segura de que eres un pésimo padre, de esos que ni siquiera se preocupan por la hija. Cuéntame, tu mujer te dejó y tú, para castigarla, no permitiste que se llevara a la hija, ¿no fue así? —Lo provoqué y entrecerré los ojos hacia él, quería ver caer su máscara.

Sentía la rabia emanar de él, caliente, como si salpicara sobre mí, todo su cuerpo estaba tenso, la mandíbula trabada, los ojos brillando de rabia. Levanté la barbilla y mantuve mi mirada en la suya, dejando claro que no tenía miedo. Antes de aquel hombre que me lastimó tanto, habría tenido miedo, pero ahora ya no.

—Sé el tipo de hombre que eres. Y no voy a permitir que le pongas las manos encima. ¡Melissa no será tu víctima! ¡Así que aléjate! —Le advertí otra vez.

—Eres solo una muchachita arrogante que cree que sabe de las cosas. Es mejor que dejes de molestarme o voy a registrar una queja formal en el hospital. —Habló entre dientes, pero yo sabía que el monstruo dentro de él estaba arañando la superficie.

—¡Tú no sabes nada de mí, pero yo conozco a los tipos como tú! Haciéndote el buenito, el pobrecito, pero eso es solo fachada. ¿Sabes qué?, te voy a dar un consejo, ya que tienes una hija que criar, deberías estar preocupado por cuidarla, no por ahí tratando de conquistar mujeres, principalmente las comprometidas. Porque cuando se tiene un hijo, debes vivir únicamente para él, ¿no es cierto?

—¿Sabes qué?, señorita, ya que estamos teniendo esta conversación agradable y llegamos a la parte del aconsejamiento, te voy a dar un consejo también. Busca un psiquiatra, porque está claro para mí que tienes muchos traumas que tratar, un padre abusivo tal vez, un novio agresivo con seguridad, y una madre tóxica que ciertamente causó muchos daños a tu cabecita. Ah, y aprovecha y pregúntale qué puede ser esa manía irritante tuya de ofenderme. —Trató de pasar junto a mí, pero lo impedí otra vez.

PAREJA 6 - Capítulo 31: Confrontación 1

PAREJA 6 - Capítulo 31: Confrontación 2

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