"Rafael"
Dejé que Hana se fuera esta mañana, cuando en realidad quería mantenerla en la cama conmigo hasta que admitiera que me deseaba y que dejaría toda esa tontería de lado para quedarse conmigo. Entonces la mantendría en la cama un poco más solo para celebrar que finalmente había decidido quedarse. Pero estaba inflexible y yo tenía que pensar en una forma de convencerla.
Después de que se fue, me dirigí al bar, necesitaba poner las cosas en orden y organizar al equipo, Flavio quería colocar policías infiltrados para arrestar al resto de la banda de Domani lo antes posible. Pero llegué al bar y si miraba hacia el salón solo imaginaba a Hana bailando con ese vestidito verde y si miraba hacia mi mesa, solo imaginaba a Hana acostada sobre ella mientras yo la cogía como un loco. Tuve que tomar mis papeles e ir a trabajar escondido detrás de la barra del bar, solo para tratar de no pensar en ella. Pero fue en vano.
—¡Mierda, Rafael! ¡Eres un hombre, no un adolescente! ¡Olvida a esa loca y enfócate en tu trabajo! —Puse la laptop a un lado, tiré la pluma sobre los papeles y casi me arranco los cabellos.
—¡Madre santísima de la bicicletita! Tienes razón, Mel, la loca pescó a este muy bien. —Miré hacia arriba y vi a Adele y a Melissa, las dos se estaban riendo de mí.
—Ni voy a discutir, ¡estoy en el limbo! —Gruñí y me levanté, salí de detrás de la barra y saludé a las chicas.
—¿No fue buena la noche, Rafa? —Melissa me preguntó y la miré seriamente.
—Fue tan buena, Melissa, que estoy tratando de dejar de pensar en esa loca para poder hacer mi trabajo. ¿Puedes creer que todavía está huyendo de mí? —Encaré a Melissa que se rió.
—Ah, Rafa, ¿pensaste realmente que iba a ser así de fácil? —Melissa se rió—. Anda, vamos a sentarnos, tú nos ofreces una bebida y nosotras te vamos a ayudar.
—¡Ya me gusta eso! ¿Qué quieren beber, chicas? —Ofrecí y ellas sonrieron y pidieron refrescos.
Nos sentamos en una de las mesas del bar y tuve que pedirle a Melissa que cambiara de lugar conmigo para no quedar vuelto hacia el salón, imaginando a mi loca bailando ahí para mí.
—¿De verdad me van a ayudar? —Pregunté y Melissa sonrió.
—¿Quién te llevó a tu loca ayer? —Melissa simplemente sonrió y yo le devolví la sonrisa.
—¡Eres lo máximo, Meli! —Le agradecí.
—¡Sí, lo sé! Pero vamos a trabajar, estoy aquí para decirte lo que debes y no debes hacer. Sabes por qué Hana tiene miedo, ¿no es así? —Melissa me miró fijamente.
—Por culpa de ese exnovio. ¿Sabes la historia, Meli? Todo lo que sé es lo que deduje, que él la agredía y por como ella es, él minó toda su confianza. —Lamentaba eso.
—Sé, en líneas generales, él es un cobarde. Vivieron juntos y él la encerraba en casa. Le pegaba, mucho, y la última vez fue al hospital muy mal, toda golpeada. Él decía que la amaba, que tenía celos y no la dejaba salir y cuando salía tenía que cubrirse completamente. Tenías que ver cómo conocí a Hana, se vestía como una adolescente nerd usando esos zapatos que ni las abuelas usan ya. —Melissa contó y no pude creerlo.
—¿Era tan malo? —Pregunté y ella asintió.
—Rafa, él la hizo creer que era fea, sin atractivos y que nadie más querría estar con ella. —Melissa completó.
—El combo clásico de los cobardes, control total sobre sus víctimas. —Resoplé y pensé un poco—. ¡Mierda!
—¿Qué pasó? —Melissa me miró notando que había recordado algo.
—El domingo creo que hice una tontería. Sé que para que confíe en mí, mis actitudes necesitan ser muy diferentes... pero hice algo medio sin pensar. Ella estaba con esa lencería, la que tú le diste, y la vestí con una de mis camisas. Solo pensé en cubrir esa lencería o no conseguiría parar de besarla para ir a la comisaría. Pero eso pudo haber sonado como una señal para ella. —Lamenté, había sido un error grave.
—Sí, eso sí fue un error. Pero tranquilo que tiene solución. —Melissa me dio esperanza.
—Sí, nuestros intercambios de mensajes son interesantes. —Concordé.
—Sí, a ella también le parece, principalmente la parte de la foto. —Adele reforzó y entendí.
—Hazlo, Rafa, manda el vestido y manda la plática picante y la foto semidesnudo. Nos vamos hablando. Ahora tenemos que irnos. —Melissa se levantó apurada y me tiró un beso.
Observé a las dos salir con una sonrisa y la confianza renovada. Hana era terca, daría mucho trabajo, pero tenía a las dos mejores aliadas que podría imaginar, convencería a mi loca de que era mía y no valía la pena tratar de huir. Miré el reloj y todavía necesitaba liberar algunas cosas antes de ir al centro comercial.
Con el ánimo renovado tomé mis cosas de detrás de la barra del bar, me senté en la misma mesa en que estaba conversando con las chicas y trabajé por un tiempo más. Cuando cerré la laptop el delegado entró con algunos policías.
—Delegado, ¿vino a arrestarme? —Bromeé y él sonrió.
—Qué va, Rafael. Vine a ver contigo sobre la operación que vamos a hacer aquí, quiero empezar hoy mismo. —Flavio se sentó frente a mí.
—¿Cómo va a ser esto, Flavio? —Pregunté y llamé a una empleada para que trajera unas bebidas.
—Sin escándalo, sin que nadie se dé cuenta. Vamos a infiltrarnos y atrapar a los sujetos en silencio, desde afuera. Nadie va a saber que estamos aquí, Rafael, no vamos a estorbar tu negocio ni asustar a tus clientes. —Flavio garantizó y yo confiaba en él.
—Para mí está bien. Te voy a presentar a la gente de seguridad y tú te alineas con ellos. Voy a necesitar salir, pero tienes carta blanca y si necesitas algo me llamas. —Avisé y él sonrió, asintiendo.
Después de que presenté a Flavio al equipo y di las instrucciones para que hicieran todo lo que él quisiera, salí del bar y fui al centro comercial, compraría un vestidito bien sexy para mi loca, tan lindo que iba a querer usarlo todavía hoy.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....