"Hana"
Fui al hospital, aunque estuviera ayudando a Melissa con las cosas de la boda, no podía descuidar mi trabajo, además solo me encontraría con las chicas más tarde. Me quedé bastante impresionada con lo organizado que era Fernando y cómo se las había arreglado bien sin mí, no había ningún pendiente sobre mi escritorio. Tal vez debería preocuparme, él podría darse cuenta de que no necesitaba una asistente.
—¿No me vas a contar nada, Hana? —Mi jefe estaba parado frente a mi escritorio.
—Lo que quiero saber es por qué no tengo nada que hacer siendo que no trabajé ayer. —Lo miré y él se rió.
—Es porque soy un buen jefe y tú una asistente competente que deja todo organizado. —Fernando me sonrió, mi jefe era realmente guapo, más aún sonriendo así, él y Melissa tendrían hijos hermosos.
—¡Espero ser una asistente útil! —Lo miré, parecía estar esperando algo—. ¿Qué necesitas, Fernando?
—Nada del otro mundo, solo saber cómo estás, cómo te ha ido con Rafael, cuándo se van a ver de nuevo... esas cosas, conversación de amigo. —Me estaba mirando como si me hubiera pedido grapas para una engrapadora.
—¡No sabía que eras chismoso! —Lo miré y él se rió.
—Generalmente no soy, pero este caso en específico me está interesando. —Me miró como si tratara de descubrir algo.
—No me vas a decir que te enamoraste de Rafael. Si es ese el caso, quédate tranquilo, ¡es todo tuyo! —Bromeé y él entrecerró los ojos.
—No, solo te vi saliendo del edificio esta mañana. Las cosas entre ustedes...
—Melissa te mandó a preguntarme, ¿verdad? —Lo miré fijamente.
—¡Le dije que no era una buena idea! —Gruñó—. Ella quiere saber, pero no quiere presionarte, para no asustarte.
—Dile que puede presionarme todo lo que quiera, no me voy a enojar con ella. Pero puede decirle que no hay la menor posibilidad de que me junte con Rafael, no va a pasar. ¡No lo voy a ver más! —Avisé, quién sabe si Fernando se lo metía en la cabeza a Melissa y dejaba de tratar de ser cupido.
—¡Vaya, ahora me dio pena por él! ¿Cuál es el problema, Hana? —Fernando me miró muy serio, parecía una pregunta suya y no de Melissa.
—No me voy a arriesgar, Fernando. Todo el mundo dice que no, pero estoy segura de que él es igual a Federico. —Miré a Fernando que pareció sorprendido.
—Solo digo que pienso como todo el mundo, pero entiendo tu recelo. ¿Puedo dar una opinión? —Preguntó y asentí—. Ve conociendo al tipo poco a poco, Hana, no huyas sin estar segura, ya tienes la experiencia mala, conoces las señales, ve despacio, tratando de darte cuenta de cómo se comporta, cómo reacciona. ¿Y si descubres que estás equivocada? —No estaba tan equivocado, pero no me iba a arriesgar, ya había visto las primeras señales, no iba a esperar por alarmas sonoras y luces parpadeantes.
—No, Fernando, no puedo arriesgarme de nuevo. —Ni siquiera pude sonreírle, porque quería mucho que Rafael fuera diferente, pero no lo era.
—Ah, Hana, no te cierres al mundo por una experiencia desastrosa. No dejes que el miedo te paralice, puedes perder cosas maravillosas por miedo. Mírame a mí, casi perdí a Melissa, el amor de mi vida, porque tenía miedo al matrimonio, por una experiencia mala. —Aconsejó, pero la situación era tan diferente que solo sonreí.
Fernando se fue a su oficina y yo me quedé rumiando mis pensamientos, ya que no tenía nada que hacer. Odiaba tener tiempo libre, porque tenía una mente masoquista y siempre que no tenía con qué ocuparse se quedaba recordando los horrores que Federico me hizo. Pero esta vez había elegido torturarme de una manera diferente y, aun sin que yo quisiera, estaba pensando en la noche que tuve con Rafael, todo el tiempo, todas las imágenes vívidas en mi mente, esa sonrisa que quita las bragas, sus ojos que parecían sonreír también, esa boca que...
—¡Señor, aleja de mí esta tentación! —Pedí inclinándome sobre el escritorio.
Pero mi plegaria no fue escuchada y pasé el día pensando en esos músculos torneados, en los brazos fuertes abrazándome, en las herramientas que ese diablo sabía usar y en esa boca que me hizo olvidar el peligro. Ya estaba considerando la posibilidad de ir donde Vinícius y pedirle que me aplicara un sedante, para poder desconectarme y no pensar más en ese hombre. No podía sucumbir a él, sería mi perdición.
—¿Señorita Hana Saito?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....