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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1175

"Hana"

Rafael me había dado una noche que sería muy difícil de superar, él sabía qué hacer, dónde tocar, cómo tocar, qué decir. En eso era muy diferente de Federico, que era bastante básico y muy precipitado.

También me sorprendió cuando se dio cuenta de que no llevaba ropa interior, imaginé que si lo descubría, como mínimo me daría un sermón moral, pero no, simplemente comenzó a reír y actuó como si aquello fuera lo más sexy del mundo. Federico me habría arrastrado a casa a jalones solo por el vestido. Pero ahí estaba la diferencia, Federico era mi novio y Rafael era solo un lío. Pero ¿y si fuera algo más?

De cualquier forma me había dado una noche maravillosa para recordar y al final hasta quería quedarme un poco más con él, por eso ahora estaba en su cama, siendo abrazada por él y quedándome dormida sin preocuparme si mis ojos se abrirían otra vez o si me mataría mientras dormía. Dios, cuántas veces desperté con Federico golpeándome, solo porque algún amigo suyo había dicho cualquier cosa sobre que él no me merecía.

Fueron tantas agresiones, por las mayores banalidades, tantas amenazas, molestias. La ropa siempre era un problema, hasta que empecé a vestirme como una señora y él me decía que era horrible. Pero Federico nunca me dijo que era bonita realmente, me decía que tenía suerte de que él se hubiera interesado en mí y que si me dejaba nunca más tendría otro novio, porque era desabrida, fea y sin atractivos. Y, pensándolo bien, Rafael siempre me estaba elogiando, pero tal vez fuera solo porque aún no tenía el estatus de novio.

Pero estaba ahí y cerré los ojos, sintiendo su calor, su cuerpo desnudo junto al mío, sus brazos sosteniéndome con cuidado, su respiración tranquila y los besos que me daba en la cabeza de vez en cuando. Casi podía creer que él nunca me haría daño y me quedé dormida con esa idea penetrando en mi mente. Y dormí. Dormí por no sé cuánto tiempo hasta que el sonido de mi celular me hizo despertar.

Ese tono específico, que había puesto para una sola persona, me hizo despertar sobresaltada, ella casi no tenía tiempo para mí y cuando lo tenía ese tiempo venía lleno de reproches y dramas y fue por eso que me alejé de ella, porque se satisfacía destruyendo mi bienestar emocional y psicológico, pero aun con todos los límites que impuse, o traté de imponer, la atendía siempre que me llamaba. Sentí los brazos de Rafael aflojarse alrededor de mí y miré hacia arriba y lo vi sonriendo y con los ojos abiertos.

—Disculpa, necesito contestar. —Traté de justificarme, imaginando que me diría que colgara y se irritaría por haber sido despertado por mi celular.

—Está bien, mi amor. —Me dio un beso rápido y salió de la cama, yendo hacia el baño.

Tomé el celular y me lo puse en la oreja, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, las críticas y los reclamos comenzaron.

—Hana, ¿dónde estás? Y no me mientas, sé que no estás en casa y tampoco fuiste a trabajar. ¡Solo puedes haberte metido en la cama de otro hombre problemático! ¿Será que no aprendiste nada con Federico, Hana? ¿Será que es tan difícil controlarte? Sinceramente, pensé que después de todo lo que pasaste aprenderías algo y te mantendrías lejos de problemas, pero parece que te gusta que te maltraten. —Parecía que nunca se callaría.

—Mamá, ¿qué quieres? —Pregunté impaciente.

—¡Dios mío, qué falta de delicadeza, Hana! ¡Qué falta de cariño con tu madre! No me llamas, no me vas a ver, después dices que no tienes tiempo, que trabajas demasiado, estudias demasiado, pero parece que para conseguir cualquier hombre tienes mucho tiempo, ¿no es así, Hana? —Lograba ser dramática y ofenderme, todo junto en la misma frase.

—Mamá, ¡así no se puede conversar contigo! Cuando te calmes me llamas. —Estaba lista para terminar esa llamada, pero claro que no sería tan simple.

—¿Es eso, Hana? ¿Vas a colgarme? ¿Vas a negarte a hablar con tu madre? No merezco esto, Hana, di la vida por ti, siempre me sacrifiqué por ti y vives como si yo no existiera. —Siempre repetía el mismo discurso, el drama había comenzado y estaba lejos de terminar.

—Mamá, ya conozco esa historia, aunque no haga absolutamente nada, siempre dices que soy una pésima hija y dentro de poco empiezas a decir que la hija de fulano es mejor que yo, que quisieras ser la madre de cualquiera porque ella sí tiene consideración con la madre, en fin.

Escuché tantas veces de ella todo ese discurso, pero solo aprendí a protegerme de él después de que Federico me mandó al hospital e hice terapia por un buen tiempo. Pero aún era difícil poner límites y era difícil no lastimarme por las cosas que decía.

—Me enfermas con tu comportamiento, Hana, voy a morir de disgusto y la culpa va a ser toda tuya. —Puso esa voz de llanto.

Ya podía imaginar los ojos llenos de lágrimas y los labios temblorosos en ese rostro indefenso y sensible. Pero la fragilidad aparente de ella solo existía para que consiguiera lo que quería y eso lo aprendí a las malas.

—Está bien, mamá. —Suspiré, nunca ganaría esa batalla. —¿Qué necesitas?

PAREJA 7 - Capítulo 11: Necesito irme 1

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