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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 341

"Samantha"

Al final del día, Heitor me avisó que llegaría más tarde a casa, tenía trabajo acumulado y el chofer vendría a recogerme. Después de lo que pasó en el almuerzo, estaba con cierta tendencia a imaginar cosas.

Con esa tendencia a imaginar cosas, estuve comiéndome la cabeza con la incertidumbre por más de una hora. Le envié un mensaje a Melissa preguntándole si él estaba en la oficina y me lo confirmó, pero tuve que contarle el motivo de mi preocupación.

Me fui a casa y cuando llegué todo estaba muy tranquilo. Los niños habían regresado a su casa hoy y ya los extrañaba. Pero no tardó mucho en aparecer Canela y hacer una gran fiesta conmigo. Desde que llegó decidió instalarse en la cocina, pasaba la mayor parte del tiempo ahí, alrededor de María quien le daba atención, conversaba con él y le hacía mil cariños. Así que pusimos su camita ahí, pero siempre que llegábamos, venía corriendo eufórico.

— ¡Canela! ¿Cómo estuvo tu día, amiguito? ¿Eh? —pregunté jugando con aquel perrito adorable que ahora era mi amigo—. El mío fue aburrido.

Me di un baño y cené sola, ya que Heitor me había avisado que llegaría tarde. Como mente vacía es taller del diablo, mi cabeza comenzó a dar mil vueltas alrededor de lo que la tal Nicole había dicho. Y de ahí a comenzar a cuestionar si Heitor estaba realmente trabajando hasta esa hora fue un paso muy rápido.

Ya pasaban las diez de la noche cuando lo escuché abrir la puerta principal. Canela, que estaba acostado a los pies de la cama, enseguida se agitó, se puso de pie y comenzó a mover la cola queriendo ir a recibir al dueño de la casa lleno de alegría y amor para dar.

— Acuéstate ahí y quédate quieto, Canela —susurré al perro que se acercó empujándome con el hocico—. Quédate quieto, Canela, no le vamos a dar confianza, nos dejó solos hasta ahora. Finge que estás dormido —seguía susurrando y Canela se calmó y se acostó quietecito—. ¡Buen chico!

Cerré los ojos, ya hinchados de tanto llorar, escuché la puerta de la habitación abrirse cuidadosamente y tan pronto como Heitor entró al cuarto, el condenado del perro se puso de pie, dio un ladrido y corrió a saltar sobre él.

— ¡Canela, traidor! —dije sentándome en la cama.

Heitor encendió la luz y vi cómo su sonrisa se deshacía al mirarme.

— Oye, ¿qué pasó, Ruiseñor? ¿Por qué estás llorando? —Heitor vino hacia mí con mirada preocupada y Canela lo siguió.

— Tardaste mucho —reclamé.

— Sí, más de lo que imaginé. Tenía mucho trabajo acumulado de la semana pasada —lamentó Heitor—. Perdón por dejarte tanto tiempo sola. No pensé que te molestaría, solo quería terminar pronto con los pendientes.

— No debería molestarme, pero... —miré hacia abajo avergonzada.

— ¿Pero qué? ¿Hay algún problema? ¿Tú y nuestro bebé están bien? —Heitor juntó las cejas en una expresión preocupada.

— Conocí a Nicole hoy —dije de una vez, era mejor aclarar este asunto.

— Esa hija de puta te buscó —bufó Heitor y se pasó las manos por la cara.

— Fui a almorzar con Rick y Manu y ella apareció en el restaurante —dije aún mirando mis propias manos.

Le conté a Heitor todo lo que pasó en el restaurante y todo lo que aquella mujer me dijo. Él me escuchaba atentamente y con una expresión muy seria.

— Heitor, ¿te encontraste con ella la semana pasada? —necesitaba saberlo.

— Sami, fui al club a encontrarme con Patricio, eso lo sabes. Esa mujer apareció allí de la nada, pero no le di atención, ¡te doy mi palabra!

— ¿Por qué no me lo contaste?

— Sami, los chicos estaban aquí y estábamos teniendo una semana tan buena que simplemente olvidé comentártelo. Discúlpame, pero no te estaba escondiendo nada, solo no lo recordé.

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