"Manuela"
Vi a esa mujer subirse al taxi e irse, pero mis problemas estaban lejos de terminar. Miré alrededor y parecía que todos ahí estaban esperando que dijera algo, pero afortunadamente Melissa me entendía sin que yo necesitara hablar.
—Llavecita, ¿es en serio? ¿Vas a hacer lo que yo haría? —Melissa me miró bien como si buscara algún rastro de duda. Ella entendió desde el primer momento lo que ya había decidido. Desde el día que nos conocimos Melissa se volvió más que amiga, era como una consejera, algo así como una hermana mayor.
—Es en serio, Mel. —Respondí bastante segura.
—¡Hm! ¡Muy bien! Si necesitas solo me llamas que vengo rapidito. —Melissa me garantizó y yo sabía que vendría de verdad. —Bueno, bola de vagos, cada uno a su casa, mañana tendremos noticias. —Melissa se encargó de despachar a todo mundo con su manera nada delicada. —Bonfim, ¿tienes carro ahí?
—En realidad vine con Moreno, él pasó por la comisaría y me recogió. Pero hay una patrulla ahí. —Bonfim explicó algo que yo quería mucho saber, si vino con Flávio, significaba que Flávio no quiso venir solo a encontrar a esa mujer.
—Qué patrulla ni qué nada, Bonfim. Ven, Nando y yo te vamos a llevar a la comisaría y tomarnos un cafecito ahí contigo. —Melissa quería más que un cafecito, quería información de primera mano y yo lo sabía, pero no me importaba, pues después me contaría todo lo que escuchara de Bonfim.
La gente se despidió y yo entré al edificio. Flávio me siguió de cerca sin decir nada. Pero me detuve frente al portero.
—Quiero ver el video de seguridad. —Hablé con voz firme.
—Disculpe, señorita, pero no tengo autorización para mostrar los videos de seguridad. —El portero respondió y quise retorcerle el pescuezo.
—¿Ah no? Está bien. —Saqué el celular, me recargué en el mostrador y envié un mensaje al administrador que llegó a la portería en menos de cinco minutos. Flávio solo me observaba sin decir ni una palabra.
—¡Hola, Manu! —El administrador me saludó alegremente, como hacía siempre. Era un contador y profesor de unos cincuenta años, muy servicial y con una sonrisa amigable. Nos encontrábamos siempre en el garaje cuando yo llegaba de la universidad, pues nuestros horarios coincidían y terminamos intercambiando gentilezas.
—Hola, Gomes. Disculpa molestar tu descanso, pero es algo importante y pensé que era mejor hablar contigo en lugar de que Flávio exigiera como policía. —Ya me disculpé, pues era fin de tarde de domingo.
—Qué va, muchacha, soy el administrador, estoy aquí para lo que necesiten. ¿En qué puedo ayudar?
—Gomes, una persona no autorizada invadió mi apartamento hoy. Le pedí al portero que me mostrara los videos de seguridad y dijo que no podía atender mi petición. Estoy segura de que entiendes la importancia de esto. —Hablé con toda la seriedad, pues de una cosa estaba segura, no fue Flávio quien dejó entrar a esa mujer.
—Entiendo la importancia y la gravedad, Manu. ¡Esto es imperdonable! Y los videos pueden ser accesados por todos los condóminos, al contrario de lo que le dijeron. —El administrador entró al cubículo del portero y después de llamarle la atención por no darme acceso al video me llamó.
Flávio se acercó cauteloso y vimos el video. Quedó muy claro que la tal Sabrina le pagó al portero para entrar al edificio. Y la cámara del pasillo mostró que tenía una copia de la llave. Pero ¿cómo tenía una copia de la llave? Ah, pero eso Flávio tendría que explicarlo. Antes de que siquiera me volteara hacia él, lo escuché decir:
—Gomes, ¿vas a tomar medidas respecto a esto?
—¡De ninguna manera, Manu! ¡Nunca! —Sostuvo mi mirada.
—Entonces, ahora cállate y escucha. —Dije recostándome en el sofá.
Aunque mi voz estaba extremadamente calmada, por dentro estaba ardiendo de rabia por esa mujer. Flávio me observaba, cauteloso, aunque quería hablar se calló y esperó. Reuní las palabras y organicé los pensamientos y entonces comencé a hablar.
—Tus amigos me contaron lo que me hubiera gustado escuchar de ti. Y me molestó mucho que no confiaras en mí. —Amenazó con decir algo, pero solo levanté el dedo y se calló. —Ya sé cómo entró al edificio, pero no sé cómo tenía la llave del apartamento. ¿Puedes explicarme eso, Flávio?
—No fui yo quien se la dio, Manu. Eso te lo garantizo. Me imagino que mi papá tiene algo que ver con eso, pues estuve en su casa la semana pasada. —Flávio respondió sin desviar los ojos de los míos.
—Claro, tus viajes a escondidas haciéndome creer que estabas de guardia. —Mi voz salió dolida y estaba dolida porque él no confió en mí. —Para que sepas, tus amigos me contaron sobre el matrimonio, sobre el divorcio, sobre el no divorcio que no sabías, sobre la presión de tus papás, sobre que ni siquiera me conocen y ya decidieron que no sirvo para ti y trataron de justificar tus mentiras. ¿Hay algo más que deba saber?
—No, Manu. Eso es todo. Ellos sabían todo y todo lo que sabían te lo contaron. —Flávio suspiró.
—Perfecto, así vamos a ahorrar tiempo. Ya escuché las disculpas de ellos sobre lo que hiciste, pero ahora quiero escuchar de ti, Flávio, quiero que me digas por qué me ocultaste todo esto. ¿Por qué me mentiste, Flávio? —Me mantuve firme, aunque sentía ganas de llorar subiéndome por la garganta, pero necesitaba escucharlo de él. Necesitaba saber, necesitaba entender, por qué no confió en mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....