"Manuela"
Después de la visita de Sabrina a mi salón de clases me quedé inquieta. Tenía casi la certeza de que Flávio me iba a ocultar que ella lo buscó. Pero ahí surgió la duda, ¿será que realmente lo buscó? ¡Y listo! Ya estaba siendo corroída por las dudas. Lo que parecía ser una visitita sin propósito de Sabrina se volvió un monstruo en mi cabeza. Y mientras más pensaba, más me parecía que las manecillas del reloj no se movían del lugar.
Al terminar la clase finalmente ya estaba prácticamente de pie. Salí del salón corriendo y encontré a PH y a Lisa caminando por el pasillo.
—Manu, deberías estar esperándonos dentro del salón. —PH se quejó porque no había esperado.
—Lo sé, lo sé, pero estoy cansada, quiero irme a casa ya. —Traté de disimular mi impaciencia.
—¿Cansada? Sí, debes estar cansada de verdad, tú y mi hermano prácticamente no duermen y no me dejan dormir. Las paredes de ese departamento son bien delgadas, ¿sabías? —Lisandra se rio, mandando indirectas sobre mis actividades con mi novio.
—Niña, no sabía que eras de esas, Manu, ¡de santa solo la carita bonita! —PH entró en la broma y yo estaba roja como un chile.
—¡Ay, gente! ¿Qué esperaban? ¡Mi novio es un dios griego! —Estaba un poco avergonzada, pero no voy a negar que también estaba llena de orgullo por el novio guapo que tenía. —¿Vamos, Lisa?
—Vamos sí, Manu. PH, nos estaremos viendo, voy a tratar de convencer a esta pareja de aburridos de salir con nosotros el viernes. —Lisa se despidió de su nuevo amigo y nos fuimos a casa.
—Manu, no me engañas, estás medio agitada desde que apareció Sabrina. ¿Qué pasó? —Lisa me preguntó apenas subimos al carro.
—Ay, Lisa... —Le conté lo que me había dicho Sabrina antes de que aparecieran ellos y mis dudas.
—Mira, Flávio se equivocó, pero te voy a decir, mi hermano no se equivoca dos veces. Confía en él, si realmente se vieron, te va a contar. —Reflexioné sobre lo que me dijo Lisandra y tenía razón, le dije a Flávio que necesitaba confiar en mí, entonces yo también necesitaba confiar en él.
Llegamos a casa, pero Flávio no estaba. ¿Dónde se metió? Solo faltaba que empezara otra vez a contestar teléfonos extraños y salir en la madrugada. Tenía la cabeza llena de pensamientos desagradables, estaba agitada. Le di las buenas noches a Lisa y me fui al cuarto, me bañé y me acosté, pero no pude dormir, entonces agarré un libro. Media hora después llegó Flávio.
—Pequeña linda, ¿me estás esperando? —Sonrió y caminó hacia la cama.
—No tengo sueño. —Me dio un beso y tomó el libro de mis manos, me cargó y me sacó de la cama.
—Qué bueno, porque así platicamos un rato. —Habló y se sentó en el sillón del rincón del cuarto conmigo en su regazo.
—¿Y de qué quieres platicar? —Pregunté sintiendo el corazón acelerarse y las manos sudarme.
—¿Cómo estuvo tu día? —Preguntó mientras besaba mi cuello.
—Bien. Tu hermana va a ser la nueva asistente de Patrício, empieza mañana. —Se rio y levantó la cabeza para mirarme.
—Él es quien tiene que contar, pero creo que lo va a hacer pronto. —Expliqué, pues no era un secreto mío para contarlo.
—¿Él y Taís terminaron? —Flávio era insistente y después de preguntarme eso jaló mi camisón hacia abajo exponiendo mi seno y lo chupó, enviando un impulso eléctrico directo a mi vientre.
—Está más bien que ella terminó con él... ¡rayos! No debería haber hablado. —Se rio, pues su dulce tortura me arrancó la información que quería.
—No te voy a delatar. Ya sospechaba. Pero, pequeña, necesito decirte algo. —Flávio dio un último beso antes de separar sus labios de mi piel.
—Te escucho. —Hablé extrañando sus besos.
—Sabrina me buscó en la estación. —Flávio suspiró y empezó a contarme sobre la visita de Sabrina. Mientras me contaba mi sonrisa se iba haciendo más grande en la cara. Confió en mí y me contó, eso significaba que tal Sabrina podría hacer lo que quisiera, pero no nos iba a separar. Cuando terminó de contar me miró fijamente. —Pensé que te ibas a enojar y ¿estás sonriendo?
—¿Sabes qué es, grandote? —Me moví en su regazo y me senté virada de frente a él, con una pierna a cada lado de su cuerpo fuerte. —Es que tu ex me fue a buscar a la universidad. —Le conté lo que pasó y que Sabrina trataría de separarnos. Apretó sus brazos en mi cintura.
—Solo nos va a separar si tú lo permites. —Habló con absoluta certeza. —Ahora que ya platicamos, ven acá, necesito sentirte en mí.
Flávio me jaló hacia su pecho y me arrancó el camisón, volviendo a deslizar su boca caliente por mi cuerpo necesitado de su toque. Lo siento mucho por Lisandra, pero perdería otra noche de sueño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....