Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 508

"Lisandra"

Estaba ansiosa por mi primer día de trabajo. Ser asistente de Patrício no me emocionaba, pues sabía que a la primera oportunidad me correría, sabía que solo me soportaba por mi hermano. Pero estaba ansiosa por volver a verlo, había pasado tanto tiempo desde que lo vi por última vez, no era más que una adolescente. Pasé la noche en vela pensando en eso.

—¡Lisandra! —Escuché a mi hermano llamarme. —¿Estás en la luna?

—Perdón, solo un poco distraída. ¿Qué dijiste? —Realmente no había escuchado nada de lo que dijo.

—Que voy a llevarlas y traerlas y ni se les ocurra quejarse. —Flávio era como un papá dando órdenes a su hija adolescente, hasta era gracioso.

—Ah, como sea... —respondí volviendo a mis pensamientos, ni dándome cuenta del tiempo y caminando en automático hasta que llegamos a la oficina.

—Lisa, estás distraída hoy. ¿Todo bien? —Manu puso la mano en mi hombro y me examinó en la puerta del elevador de la empresa.

—Debe ser porque tú y mi hermano no me dejan dormir. —Bromeé con ella y la vi ponerse roja. Era muy gracioso cómo se apenaba fácil. —Mi hermano ya no es tan joven, Manu, cuidado que no le vayas a dar un infarto. —Manu se puso totalmente roja y empecé a reírme.

—Tonta, tu hermano sí es bien joven. —Manu habló mirando al suelo.

—¡Chicas! Buenos días. —Rick se unió a nosotras. —¿Cuál es el tema del día?

—Manu va a matar a mi hermano de un ataque cardíaco por exceso de ejercicios en el cuarto. —Rick me miró y abrió los ojos como platos.

—¡Lisa! —Manu estaba escandalizada conmigo.

—Y nosotros pensábamos que el comisario iba a quebrar a Llavecita por la mitad, pero la cachonda de la pareja es ella. —Rick entró en la broma y Manu hundió la cabeza detrás de la carpeta que cargaba.

—Pues sí, Rick, Manuzinha es la que anda dando trabajo al comisario. Todas las noches, ¿eh? Y por varias horas. Dormir en ese departamento es imposible. —Lisandra se rio.

—Si quieres te rento un cuarto en mi casa, ahí solo vive el monje más joven de la ciudad. —Rick bromeó.

—¿Monje? No sé, Rick, eres un galán y destila testosterona, de aquí a poco esa casa va a parecer un burdel de tantas mujeres desnudándose para ti. —Manu me miró sorprendida y Rick se carcajeó.

Llegamos al piso y me instalé en mi nueva oficina. Rick me pasó varias cosas que hacer y se fue a su oficina. El trabajo era genial, justo el tipo de cosas que me gustaba hacer, pero aún estaba inquieta por volver a ver a Patrício. Y no tardó, entró, como si no viera nada enfrente, yendo directo a su oficina, sin siquiera responder al buenos días que le di cuando pasó por mi escritorio. Ni me miró.

El resto de la mañana pasó así, él encerrado en su oficina, Rick pasándome el trabajo y yo sintiendo el estómago helado por saber que estaba detrás de esa puerta.

Salí a almorzar con Rick y Manu y cuando regresamos nos quedamos platicando en el escritorio de Manu.

—Rick, creo que necesitas conocer gente nueva. No puedes quedarte en casa rumiando el pasado. —Manu trataba de animar a Rick.

—Tiene razón, Rick. Mira, PH y yo vamos a un bar el viernes, a tomar, platicar, ver gente bonita. Deberías venir con nosotros, vamos a divertirnos. —Invité a Rick.

—Puede estar bueno, ¿eh? Pero ¿quién es PH? —Rick preguntó confundido.

—Es un amigo que estudia con Manu, súper buena onda, de buen humor y animado. —Le expliqué a Rick.

—Sí, creo que va a estar bien. Acepto, Lisa, cuenta conmigo. —Rick aceptó y yo di saltitos de felicidad y aplaudí emocionada.

Y fue en ese momento que Patrício y Alessandro salieron del elevador. No puedo negar que los dos juntos quitan el aliento, dos hombres lindísimos y llenos de encanto.

—¿Y qué tal, Patrício, te gustó la asistente que contraté para ti? —Alessandro preguntó cuando se pararon frente a nosotras y sentí que me drenaban la sangre del cuerpo.

—¿Quién? —Patrício pareció no haber entendido.

—Si es eso, ¿pueden no decirle quién soy? —Sentí hasta una puntita de esperanza.

—Alessandro ya debe estar haciéndolo. —Rick me quitó esa mínima esperanza de la que me agarraba.

Después de casi una hora Alessandro salió de la oficina de Patrício y se paró en mi escritorio.

—¿Hace cuántos años que no se veían? —Alessandro preguntó.

—Doce años. —Respondí simplemente.

—No te reconoció. —Alessandro se rio, pero yo no encontraba eso gracioso. —¿Cuánto tiempo tardará este idiota en darse cuenta de quién eres? —Se estaba divirtiendo con esto. —Ah, esto va a estar gracioso.

—¿No le dijiste? —Por esa no me la esperaba.

—Yo no, voy a dejar que haga el ridículo el mayor tiempo posible. —Alessandro se rio. —Por favor, deja que lo descubra solo.

¡De repente, mi esperanza regresó! Si nunca lo descubría, nunca pasaría de ser la asistente eficiente que cumple con su trabajo y ya, mantendría mi empleo por mucho tiempo. Solo necesitaría convencer a Flávio de no contar y necesitaría esconderme de Patrício fuera de la oficina.

—Si tú no cuentas, yo no cuento. —Hablé bajito como si estuviéramos haciendo un pacto secreto.

—¡No cuento! —Alessandro se rio. —Voy a hablar con Manu y Rick. Imagínate su cara el día que se dé cuenta. —Alessandro salió riéndose de mi oficina.

Había una parte de mí satisfecha por no ser reconocida, lo que haría que me diera una oportunidad en el empleo y no me corriera porque soy la hermanita fastidiosa del amigo suyo y a quien detesta. Pero una parte de mí se sintió dolida por eso, por el hecho de ser tan insignificante que ni era recordada.

El resto del día lo pasé con esa puntita de dolor por el olvido molestándome, mientras Patrício estaba encerrado en su oficina. ¿Cuándo se acordaría? O mejor, ¿se acordaría?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)