"Flávio"
Miré a la mujer acostada a mi lado durmiendo tan serenamente. Manu estaba acostada boca abajo, con las manos debajo de la almohada y con la sábana delgada cubriéndola apenas de la cintura hacia abajo, dejando su espalda desnuda expuesta. Su cabello se extendía como rayos de sol. Era imposible resistir las ganas de tocarla. Pasé el dedo a lo largo de su columna y deposité varios besos en su espalda, hasta que despertó, sus ojos somnolientos mirándome de reojo y una sonrisa perezosa dibujándose en sus labios.
—¿Ya estás despierta? —bromeé.
—No, estoy soñando —sonrió.
—¿Soñando con qué? —continué pasando ligeramente mi nariz por su piel y dejando un beso aquí y otro allá.
—No es con qué, es con quién —me corrigió haciendo una cara traviesa.
—¿Y con quién está soñando esta chica hermosa?
—Con un dios griego guapísimo —sonreí por la forma en que hablaba de mí.
—¿Y qué está haciendo él en tu sueño?
—Me está tentando, está besando mi cuerpo. Estoy pensando seriamente en acostarme con él.
—¡Qué picara! —se rio y el sonido de su risita era delicioso de escuchar. Besé su boca y ella se volteó debajo de mí, jalándome hacia ella con esas manitas codiciosas.
Pero nuestra mañana fue interrumpida por el intercomunicador sonando insistentemente y quise asesinar al idiota que estaba arruinando mi mañana de sábado.
—Grandote, uno de nosotros tiene que atender el intercomunicador —Manu se rio mientras yo besaba su cuello.
—Si lo dejamos sonar se rinde —dije y continué con lo que estaba haciendo.
—Grandote, puede ser Lisa, qué tal si se le olvidaron las llaves, o el edificio puede estar incendiándose.
—Pequeña, yo me estoy incendiando. Si es Lisa que espere —Manu se rio, pero el intercomunicador no dejaba de sonar.
—Mejor ve, grandote —Manu me alertó y salí de encima de ella muy contrariado, yendo a atender el intercomunicador.
No podía ser peor, mi papá estaba ahí para una visita, demasiado temprano, lo que no me agradaba. Le dije al portero que podía dejarlo subir en cinco minutos y volví al cuarto ya pensando en cómo lidiar con esto.
—Pequeña, mi papá está subiendo —dije y Manu abrió los ojos como platos—. Necesito avisarle a Lisa que está aquí.
—Ve a atender la puerta, yo le aviso a Lisa y preparo un café —resolvió Manu y se levantó.
En tiempo récord hice mi higiene matinal y fui a atender la puerta, Manu ya estaba en la cocina preparando el café. Mi papá me miró y curiosamente parecía de buen humor.
—¡Hijo, buenos días! Qué bueno que estás libre hoy —mi papá abrió los brazos para abrazarme, lo cual era raro.
—¿Estás bien? —era tan extraño que estuviera ahí y de buen humor.
—Sí, estoy excelente. ¿Y dónde están las chicas? —sabía que se refería a Manu y a Lisa.
—Buenos días, Sr. Moreno —Manu apareció en la sala con la misma sonrisa profesional de quien atiende a un cliente—. Lisa ya está llegando y ya estoy preparando un café, por favor, póngase cómodo.
—Ah, querida, siempre tan atenta. Muchas gracias —mi papá saludó a Manu con un apretón de manos y se sentó.
—Ah, ¿me permite responder? —preguntó Rick y mi papá lo miró con un gesto mecánico—. Lisa se está desempeñando excepcionalmente bien, es talentosa y muy inteligente, tiene un don natural para los negocios, pero claro, imagino que lo heredó de usted. Me sorprende que usted no la haya puesto en su empresa. Ella es un artículo valiosísimo para cualquier corporación —Rick sabía muy bien por qué mi papá nunca le dio un puesto a Lisa, pero se estaba divirtiendo a costa del Sr. César Moreno, cosa que rara vez alguien lograba.
—Sí, hasta yo me sorprendo. Creo que no vas a querer volver a casa, ¿verdad, hija mía? —mi papá se estaba dando por vencido. Nunca lograría que Alessandro o Patrício despidieran a mi hermana.
—¡Para nada, papá! —sonrió Lisa.
—Tu mamá se va a poner furiosa —movió la cabeza—. Pero ¿y tu esposa, Ricardo? Sé que estás casado, ¿por qué no está aquí con ustedes?
—Porque me estoy divorciando —la sonrisa de Rick murió en su rostro.
—Ah, lo lamento, no quise ser indiscreto —hoy no era el día de mi papá. Yo estaba escondiendo mi sonrisa detrás de la taza de café—. ¿Y ustedes dos estaban juntos porque...? —finalmente mi papá preguntó lo que tenía atorado.
—Ah, porque me acosté con él —respondió Lisandra con toda naturalidad y atrajo hacia sí todas las miradas alrededor de la mesa. Nos observó y se encogió de hombros—. ¿Qué?
—Ricardo, ¿puedes explicarme esto? —fue mi turno de poner a Rick contra la pared. Miró a Lisa que se estaba riendo.
—Nada que explicar, ella simplemente durmió en mi casa, en el cuarto de huéspedes, sola, porque estuvimos en un evento ayer hasta muy tarde —habló Rick mirándome directamente.
—¡Ustedes dos son ridículos! —Lisandra nos señaló a mi papá y a mí—. Soy mayor de edad y dueña de mi nariz. Papá, no voy a volver a casa, como ves me las estoy arreglando muy bien. Y mira que cortaste todas mis tarjetas, bloqueaste mis cuentas que eran conjuntas contigo, cortaste la mesada y me quitaste el carro. Salí de casa solo con la ropa que logré traer en tres maletas. Pero sobreviví y no voy a volver —mi papá solo suspiró.
—Creo que ya no hay nada más que pueda hacer —mi papá no arrastraría a Lisandra de los cabellos, de eso estaba seguro—. Pero llama a tu mamá y deja que descargue su rabia.
—Eso puedo hacerlo, pero no hoy —dijo Lisa y dio el tema por terminado.
—Hijos, siempre un desafío. ¿Y tú, Manu, también saliste de casa así, desafiando a tus papás? —Listo, estaba tardando en voltearse hacia Manu. Y mi mañana de sábado había comenzado tan bien...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....