Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 517

"Breno"

Estaba muy emocionado con esta investigación extraoficial que me había pedido Flávio. Todo el asunto parecía extraño y fue dado como natural y considerado apenas una casualidad.

Era mañana de sábado, llegué bien temprano a ese pueblito y di una vuelta para ver mejor la región. Era una zona urbana pequeña con una zona rural muy extensa, sería muy difícil que un médico lograra atender a domicilio en muchos lugares, pero la finca donde murió la embarazada en el parto quedaba a solo veinte minutos de la ciudad y tenía una buena carretera que llevaba hasta ahí.

Regresé al centro del pueblo, di una vuelta por la plaza, almorcé en un restaurantito muy agradable, conversé con algunos habitantes más antiguos, diciendo que estaba pensando en mudarme al lugar, pero nadie dijo nada útil, parecía un lugar donde no pasaba nada.

Finalmente, fui al pequeño puesto médico. Había una chica en recepción, de no más de unos veinte años, seguramente no era a quien buscaba. Pero me presenté, no como policía, la idea era pasar desapercibido, hasta porque estaba haciendo una investigación extraoficial.

—Señorita, necesito hablar con una enfermera, me parece que es la enfermera más antigua aquí, ¿cómo es que se llama? —Fingí que trataba de recordar y la chica muy servicial me ayudó.

—Ah, con seguridad es doña Rosalía. —La chica sonrió y habló en voz más baja. —Creo que está aquí desde antes de que construyeran el pueblo.

Sonreí a la chica y agradecí la ayuda, alegando que la memoria ya no era la misma y sonrió complaciente.

—Un amigo, sabiendo que estaría en la región, me pidió hablar con ella, pues es posible que sepa dónde podrá encontrar a una persona. ¿Será que puedo hablar con doña Rosalía? —Pedí tratando de ser muy simpático y justificando mi búsqueda de la vieja enfermera, pues sabía que sería el tema del pueblo, la única novedad por aquí en mucho tiempo.

—Mire, no está de guardia hoy, pero puede ir hasta su casa, queda aquí cerquita. —La muchachita se mostró más servicial de lo que imaginaba. Me indicó la ubicación de la casa de la enfermera muy detalladamente, así como me dijo que vivía sola.

Realmente no era lejos, era una casa encantadora, pero pequeña, con una bardita baja enfrente y una puertecita que me llegaba a la cadera, llena de flores colgadas en la puerta. Aplaudí y enseguida una señora de apariencia austera y cuya edad no se podía adivinar, que seguramente era a quien buscaba, apareció en la ventana y me invitó a entrar, viniendo a recibirme a la puerta.

—¿Doña Rosalía? —Confirmó con un movimiento de cabeza. —Mi nombre es Breno, estoy aquí por petición de un amigo que desea encontrar a una persona y cree que usted puede saber dónde está.

—Entre. —Me dio paso y me señaló el sofá, donde me senté. Se sentó en un sillón cercano. —¿A quién busca?

—Una enfermera que trabajó con usted hace unos veinte años. Atendía a la gente en la zona rural del pueblo... —Ni necesité terminar de hablar.

—¿Esa víbora de Gisele? —La señora bufó. —¿Por qué la quiere encontrar? Esa mujer no vale nada.

—Mire, desconozco las motivaciones de mi amigo. —No era conveniente exponer mis motivos.

—Les sacaba dinero a esas pobres personas, diciendo que el médico no los iba a atender, pero ella ayudaría. Llevaba medicinas que solo un médico podría recetar. Pero el doctor no tenía idea de lo que pasaba, aquí en la región hay muchos lugares de difícil acceso, muchas fincas y ranchos. Ya sabe cómo es. —La vieja enfermera parecía realmente no simpatizar con tal Gisele.

—Me imagino. ¿Aún vive en el pueblo? —Pregunté.

—No, se fue hace unos veinte años. Fue cuando el doctor descubrió lo que estaba haciendo.

—¿Cómo lo descubrió?

—Sí, la esposa del Sr. Orlando entró en trabajo de parto antes de tiempo.

—¡Pero qué coincidencia! Y el doctor salvó a la que llegó casi muerta, ¿qué pasó que no logró salvar a la otra?

—Ay, mi hijo, ¡una de esas casualidades terribles! Vivían en una finca, no muy lejos, pero ese día la mujer estaba sola en casa con una empleada. La empleada en lugar de buscar al médico, llamó a una tal partera, que ni sé quién es. Cuando llegó el Sr. Orlando, encontró a la esposa y al bebé muertos. Era una niña.

—¡Qué cosa horrible!

—Sí. Siempre pensé que la suerte de la mujer que el doctor salvó fue la muerte de la otra, pues si él hubiera ido a la finca a atender a la otra, no estaría en el puesto médico cuando llegó la mujer que dio a luz. Fue muy trágico. Nunca entendí por qué la empleada no vino a buscar al doctor. Pero, también, poco después esa empleada murió.

—¡Dios mío! ¡Pero cuánta tragedia! ¿De qué murió la empleada?

—Se ahogó en la Laguna del Sombrero. Lo que también es extraño, porque nadie va a nadar a esa laguna, ahí es muy peligroso, dicen que en el fondo hay una arena que va tragándose a la gente. Mire, voy a hacer un cafecito para seguir platicando. Me quedo tan sola, que cuando aparece alguien me emociono.

—Pero estoy adorando nuestra plática, doña Rosalía. —La señora sonrió, el ceño que tenía cuando llegué ya no existía.

Salí de la casa de doña Rosalía después de la cena, con muchas informaciones interesantes y el paradero de tal enfermera Gisele. Mientras más investigaba este caso, más seguro estaba de que algo muy malo había en él. Tenía mucho que hablar con Flávio.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)