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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 579

"Manuela"

Después de un día más y todos los exámenes posibles, me dieron de alta del hospital, no había ningún daño más grave que demandara mi internación, pero debería mantener reposo hasta recuperarme. Los médicos dijeron que el medicamento que Rita me aplicó ya había salido de mi organismo, pero que aún podría sentirme extraña por unos días más y que eso era normal. Entonces, del hospital Flavio me llevó a la casa de Camilo.

Nuestros amigos regresaron a Puerto Paraíso después de que desperté, Alessandro dijo que no me preocupara, pues Catarina me sustituiría por unos días. PH me llamó y tuve que consolarlo y calmarlo, pues se estaba culpando por lo que pasó, seguramente el día que me viera tendría otra crisis de llanto. Pero hasta entonces nadie me había contado nada.

Cuando llegamos a la casa de Camilo, había una recepción para mí, mi papá, mi hermano y mi cuñada me esperaban con carteles y globos coloridos dándome la bienvenida. Olivia había preparado un almuerzo delicioso y después de comer me negué a ir a la cama, quería estar cerca de ellos, de todos ellos.

—Muy bien, ¿ahora quién me va a contar qué pasó? —Pregunté después de acomodarme en el sofá con todos ellos a mi alrededor y mi papá abrazándome. Hasta ese momento no había preguntado nada. Se miraron entre ellos y Flavio se adelantó.

—Pequeña, necesitas descansar. Recuerda lo que dijo el médico. La historia es larga. —Flavio habló como si quisiera evitarme una molestia.

—¡Ustedes tienen una historia para contarme y necesito saberla. ¡Por favor! —Supliqué y él ya no pudo evitar más el tema.

Flavio empezó a contarme cómo habían pasado las cosas, desde el momento en que Paulo Henrique le llamó, hasta el momento en que me encontraron en la notaría y me llevaron al hospital.

—Y ahora, pequeña, Rita y Cándido están presos. —Flavio finalizó.

—¿Van a quedarse presos? —Pregunté, pues aún tenía miedo.

—Seguro, pequeña. Ahora cuéntanos tú, ¿qué pasó?

Les conté todo lo que viví desde que la chica de la universidad me dio el recado del secuaz del Sr. Cándido que me secuestró, hasta el momento en que Rita me drogó, conté de la paliza que Rita me dio y de cómo estaba lastimada y del dolor horrible que sentí, pero principalmente del pavor que tuve de nunca más volver a verlos y que quería morirme para no casarme con el Sr. Cándido.

—Sabes, el Sr. Cándido hasta me trató bien, no me tocó. Pero Rita, ella siente un placer enfermizo al golpearme. —Recordaba eso con una expresión de tristeza.

—Nunca más va a ponerte las manos encima, Manu. —Flavio me garantizó y yo sabía que movería cielos y tierra para garantizar eso.

—Me dijo que no es mi mamá. ¡Sentí un alivio tan grande! Pero aún no sé quién es mi mamá. —Mis ojos se llenaron de lágrimas—. Aun así, quiero conocer a doña Teresa y a Jefferson.

—Ellos también quieren conocerte, tal vez mañana, porque hoy necesitas descansar. —Flavio pidió y pude ver la preocupación en sus ojos.

—Hija, los exámenes no van a demorar en estar listos, pero tengo algo que contarte. —Mi papá pasó los dedos por mi cabello.

—Gisele sabía de una mujer que estaba embarazada al mismo tiempo que mi esposa, que también era el período que Rita decía estar embarazada, y esa mujer era doña Teresa. Rita y Gisele decidieron que los dos bebés deberían nacer el mismo día, así podrían poner el plan en práctica. Entonces decidieron la fecha del parto, que debería ser un día en que yo hubiera salido de la hacienda para pasar todo el día fuera. Gisele, haciéndose la buena samaritana fue a visitar a doña Teresa un día antes y se las arregló para darle un medicamento para inducir el parto, el mismo medicamento que Rose le dio a mi esposa. —Las lágrimas caían de los ojos de mi papá, no podría continuar contando—. Flavio... —Fue como si le pasara la palabra a Flavio.

—Pequeña, el día que tu papá viajó con Camilo, doña Teresa entró en trabajo de parto. Como sabes, tuvo gemelos, un niño y una niña, era perfecto para los planes de Rita. Gisele hizo el parto de doña Teresa, que quedó muy mal, pues Gisele cometió muchos errores durante el parto y dejó a la mujer con una hemorragia. Iba a morir si el esposo no hubiera decidido entrar al cuarto. —Escuchaba lo que Flavio contaba sintiendo un dolor en mi corazón por el sufrimiento causado a esa familia—. Gisele puso a la niña dentro de la bolsa que cargaba y la cubrió con una manta. Salió de la casa a las carreras, diciendo que tenía otro paciente urgente y le dijo al hombre que no entrara al cuarto, pues la mujer estaba durmiendo. Salió de ahí con la bebita de ellos y fue directo a la hacienda de tu familia. La esposa de tu papá ya estaba en trabajo de parto. Gisele entró e hizo el parto, era una niña. Gisele debería intercambiar a los bebés, pues Rita necesitaba que si tu papá pedía un ADN, el examen fuera positivo, entonces la idea era dejar a la hija de doña Teresa con la esposa de tu papá y llevar a la otra bebé para Rita. Y después Rita plantaría la duda en tu papá, diciendo que él no era el padre de la hija de la esposa y lo convencería de hacer un ADN que comprobaría que esa niña no era de él. Entonces, fue lo que Gisele hizo, se llevó a la criatura, solo que en el trayecto de la casa de doña Teresa hasta la hacienda, la bebé estuvo dentro de la bolsa cubierta hasta la cabeza con una manta. La bebé de doña Teresa murió asfixiada. —Cuando Flavio dijo eso sollozé, no sé cuándo empecé a llorar, pero era todo tan perverso que no podía controlarme.

—¡Calma, mi hermana! —Camilo se arrodilló frente a mí y me tomó las manos.

—Continúa, Flavio. —Pedí entre sollozos.

—Gisele hizo el parto de la esposa de tu papá, estaba muy mal y no sobreviviría, Gisele iba a garantizar eso, esperó, con la hemorragia del parto la muerte sería rápida, como fue. Gisele entonces puso a la bebé muerta en los brazos de la mujer y se llevó a la bebé viva con ella, dentro de la bolsa, pero esta vez tuvo el cuidado de dejar la cabeza del bebé descubierta para que no se asfixiara. Se llevó a la criatura y se la entregó a Rita, que mandó a avisar a tu papá, dos días después, que habías nacido. Ella sabía que estaría de luto y sufriendo y aprovechó la oportunidad. El resto de la historia ya la sabes. —Flavio, que estaba a mi lado, me pasaba la mano por la espalda de manera reconfortante.

—Entonces... —Trataba de controlar mi llanto—. Mi mamá... mi mamá es tu mamá, ¿Camilo?

—Sí, mi hermana, ¡tú y yo tenemos la misma mamá! Tú eres esa bebita que te conté que fue muy amada y esperada. Fuiste amada por tu mamá, así como por tu hermano y por tu papá, y nosotros seguimos amándote mucho. Y estoy seguro de que nuestra mamá, desde algún lugar, te cuida. —Camilo lloraba como yo, la emoción me dominó por completo.

Ya no podía hablar, solo lloraba. Mi hermano me jaló en un abrazo apretado, lleno de afecto. Nunca me sentí tan perteneciente a este lugar, a esta familia. Ahora sabía que tuve una mamá que me amó aun antes de conocerme, esa mamá que tantas veces deseé secretamente que fuera mi mamá y sí era realmente mi mamá. Ahora estaba segura de mi lugar en el mundo, era como si me sintiera digna de estar ahí entre ellos.

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