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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 627

"Flavio"

¡Estaba listo para casarme! Estaba de pie frente al espejo, viendo mi imagen reflejada ahí, un traje beige claro, camisa blanca y sin corbata. Estaba más nervioso de lo que imaginé que estaría y muy ansioso por ver a mi pequeñita vestida de novia.

—¡Pero mira qué elegante! ¿Cómo está el novio del año? —Patricio entró al cuarto sonriente como siempre.

—Menos estresado desde que tú y Lisandra resolvieron fingir que se soportan. —Encaré a mi amigo. Dos días atrás tuve que llamarles la atención a él y a mi hermana, pues se estaban comportando como dos niños caprichosos y mi pequeñita se estaba poniendo muy molesta con eso.

—¡La culpa no fue mía! —Patricio enseguida se defendió.

—¡No te hagas el santo! No entiendo, sabes, eres el tipo más buena gente que conozco, ¿cómo no logras llevarte bien con mi hermana?

—Tu hermana es la que no logra llevarse bien conmigo. —Patricio se rio—. Pero hicimos una tregua, por ti y por Manuelita.

—Entonces no dejes que Lisa coma esos empanizados de camarón. Sabes que es alérgica y a veces no presta atención a lo que come.

—Puedes estar tranquilo que voy a ser una excelente niñera para la rara. —Patricio siempre llamaba a mi hermana rara o bicho del monte.

—¡Es mi hermana, Patricio! —Le advertí y él se rio.

—Y es solo por eso que la soporto. Mira, Moreno, somos amigos desde hace mucho tiempo y nunca me he llevado bien con tu hermana, eso no es ninguna novedad y tampoco nunca te molestó, espero que no te moleste ahora. —Patricio tenía razón hasta cierto punto.

—No voy a dejar de ser tu amigo porque tú y mi hermana no se entiendan, pero preferiría que se entendieran. Además, Patricio, cuando era niña lo entendía, es mucho menor que nosotros, pero ahora Lisa ya es una mujer.

—Sí, es una mujer. —Patricio suspiró con las manos en el bolsillo mirando por la ventana, parecía evaluar algo—. Espero que te acuerdes de eso. Bueno, pero hoy me voy a comportar como si tu hermanita fuera la persona más adorable del mundo, no te podrás quejar. —Volvió a sonreír.

—¡Gracias! —Le sonreí a mi amigo, sabía que él y Lisa se entenderían tarde o temprano, después de todo ella ahora estaba en el grupo de las chicas y nosotros siempre estábamos juntos.

—¿Podemos entrar? —Mi padre apareció en la puerta e hice señal para que entrara. Estaba acompañado de mis hermanos y mi madre. Miré a Patricio en tono de advertencia.

—¡Mi hijo hermoso! —Mi madre se acercó y me dio un beso.

—¡Hermanito, estás guapísimo! Pasé a darte un beso y a llamar al distraído ese, ya es hora de la boda. —Lisa señaló a Patricio que le dio una sonrisa descaradamente falsa.

—¡Perdóname por haber tratado de quitarte esto! —Tenía los ojos llorosos.

—Mamá, eso ya quedó atrás. —La jalé para un abrazo—. Ahora vamos, estoy loco por ver a mi pequeñita.

Melissa y Olivia se habían juntado para coordinar todo, estaban de un lado para otro organizando filas, revisando trajes, dando instrucciones. Cuando llegué con mi madre me miraron de arriba abajo, paradas una al lado de la otra.

—¡Manuelita acertó con este, ¿eh?! —comentó Olivia con Melissa.

—¡Y cómo acertó! ¡Dejó al delegado para chuparse los dedos! —respondió Melissa y las dos se rieron, viniendo hacia mí—. ¡Barriga adentro, pecho afuera y respira, delegado! Doña Inés, usted está hermosísima.

Organizaron toda la fila y poco a poco se fueron haciendo las entradas. La capilla no era muy grande, pero era hermosa, tenía el techo todo hecho en madera, con grandes vigas barnizadas, a lo largo de las paredes laterales ventanas enormes estaban abiertas y dejaban entrar el sol de la mañana, en la pared detrás del altar había un enorme ventanal con vista a un jardín de flores blancas, lirios de la paz y azucenas, y un césped tan verde como esmeraldas, al fondo había muchos árboles. Era un escenario hermoso, en completa armonía con la naturaleza. La capilla estaba toda adornada con las mismas flores de aquel jardín, como si fuera una extensión de él.

Era hora de que mi pequeñita entrara, estaba esperándola en el altar con la sensación de que la había esperado a ella, ese momento, toda la vida. Mis manos sudaban y estaba muy ansioso, menos mal que no llevaba corbata, pues me habría ahogado. Para mi sorpresa, la música que comenzó a sonar no era la marcha nupcial, fijé mis ojos al frente y ella apareció radiante en un vestido blanco, del brazo de su padre y cargando un ramo de flores blancas y un rosario de perlas. Parecía un ángel, con ese velo vaporoso colgando de su cabeza. Era la mujer más hermosa que mis ojos habían visto jamás.

Con cada paso que daba por ese pasillo, bajo las miradas admiradas de nuestros mejores amigos y nuestra familia, mi corazón se aceleraba un poco más. El cantante entonaba las notas de la canción "Junto a ti" y sentí las lágrimas picar en mis ojos. Cada verso de esa canción era una declaración de todo lo que esa pequeñita significaba para mí, ella era toda mi felicidad, un ángel en mi vida, era un ángel que me daba vida, había sido hecho para ella. Quería pasar todos los días de mi vida a su lado y agradecería todos los días porque me había dado el privilegio de convertirse en mi esposa.

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