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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 637

"Lisandra"

¡Tuve una noche horrible! Patricio estaba en todos mis sueños y iban desde besos ardientes en una playa hermosa hasta que me echara de la empresa a patadas, literalmente. Desde que empecé en este trabajo estaba soñando mucho con él, esto parecía una obsesión que no podía dejar. Y todo se puso aún peor desde que me llamó y pidió que reservara su vuelo de regreso. Tenía los nervios a flor de piel. Llegaría al final de la semana siguiente e iría directo a la hacienda de la familia de Manu, donde sería su boda con mi hermano.

—¡Buenos días! —dije como un zombie cuando entré a la cocina y vi a Manu tomando su café, con los ojos brillantes de quien había tenido una noche maravillosa.

—¡Dios mío! ¡Estás pésima! —me evaluó.

—¡Ah, gracias, cuñadita! ¡Lástima que no puedo decir lo mismo de ti! —bromeé con ella, que se rio y movió la cabeza.

—¿Patricio otra vez? —preguntó poniendo la mano sobre la barbilla para escucharme.

—¡Sí! —suspiré—. Al menos en la segunda mitad de la noche, porque en la primera fueron mi hermano y tú, con todos esos ruidos en el cuarto, que me impidieron tener una noche de sueño decente. —Manu soltó una risita satisfecha.

—¡Qué puedo hacer si mi grandote es una delicia! —dio un gran suspiro antes de continuar—. Pero ¿qué fue esta vez, te echó del escritorio otra vez o te besó en una playa desierta?

Claro que Manu se había vuelto mi confidente, nos hicimos amigas y la adoraba, pero desde el día en que me cachó diciendo el nombre de Patricio en un sueño, siempre quería saber qué había soñado, solo que no todo podía contarle.

—Esta vez me despidió en tu boda, en medio de tu ceremonia. —Estaba molesta, porque no importaba cómo sería, pero sabía que él me iba a despedir.

—¡Si él arruina mi ceremonia así, Flavio le arranca la cabeza! —Manu se rio y tenía razón, mi hermano no toleraría nada que siquiera amenazara el momento perfecto de Manu.

—¡Ay, mi hermano te ama tanto! ¡Eso es tan lindo! ¿Será que algún día voy a encontrar un amor así? —Me senté frente a ella con las manos en la cara y sintiendo el vaporcito caliente del café subir de la taza hasta mi nariz.

—¡Ah, yo también lo amo tanto! Y vas a encontrar a tu príncipe, como dice Mel, solo necesitas dejar a un lado esa obsesión con el... —Manu paró de hablar y supe por qué cuando la voz de mi hermano rugió detrás de mí.

—¿Declaración de amor tan temprano, pequeñita? ¡Me gusta! —Mi hermano entró a la cocina, era tan grande que ocupaba prácticamente todo el espacio. Se inclinó y besó a Manu, estaban viviendo en un mundito particular donde solo había amor y perfección—. ¡Yo también te amo! Pero dime, ¿cuál es la obsesión de turno de mi hermana?

—Ah, la de siempre, ya sabes, esa idea fija de que Patricio la va a despedir. —Manu explicó, no mintió, porque no podía mentir, pero dijo una media verdad.

—¡Y tendrá razón en hacerlo! Lisa, no deberías haber dejado a Patricio engañado sobre ti. Pareces una criminal, fingiendo ser otra persona, escondiéndote. —Flavio habló por la billonésima vez que tenía que haberle dicho a Patricio quién era.

—¡Pero, Flavio, fue él quien no se acordó de mí! —traté de argumentar.

—¿Ciento una? ¿Las estás contando? —Manu se rio de mi tragedia.

—Ciento dos, en realidad, contando con el sueño de esta noche. ¡Mejor dicho, pesadilla! —Me tomé el resto del café de un trago con una mueca, pues ya estaba frío.

Salimos al trabajo y estaba decidida, en cuanto llegara a la oficina le llamaría a Patricio, contaría todo y, si me daba tiempo para hablar, pediría disculpas. No era orgullosa, sabía pedir disculpas cuando estaba equivocada o cuando lastimaba a alguien. En este caso, no creía que estuviera equivocada, pero si estuviera en el lugar de Patricio estaría muy molesta.

—¿De verdad le vas a llamar? —preguntó Manu cuando entramos a la oficina.

—¡Sí, ahora mismo! —dije y me dio una sonrisa de apoyo.

Entré a mi oficina y había una bolsa hermosa sobre mi escritorio, colorida y con un moño blanco cerrando las asas. La abrí y dentro encontré una caja de regalo. Saqué la caja y la abrí, dentro había una tarjeta. Miré los artículos, sabía de dónde venían antes de leer la tarjeta. Era un chal de Manila, en seda, con hermosos bordados de colores vivos y flecos, una caja de turrones y una botella de licor de hierbas de Mallorca. Eran artículos españoles y solo había una persona que conocía que había estado en España en los últimos tiempos. Pero, no era posible, su vuelo era solo la semana siguiente. Con el corazón acelerado, abrí el sobre y saqué la tarjeta que decía:

"Lisandra, empezamos con el pie izquierdo. Realmente lamento no haberte prestado atención cuando llegaste. Pero me vas a conocer y ver que hasta soy un buen jefe. Gracias por todos los arreglos que hiciste para mí mientras estuve fuera y por haber mantenido las cosas en orden en la oficina. Voy a presentarme a ti como se debe. Patricio Guzmán."

Quería que se abriera un hoyo en el suelo y me tragara en ese momento. Salí corriendo de mi oficina, crucé la recepción como un rayo y entré a la oficina de Rick.

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