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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 638

"Patricio"

Cuando el avión aterrizó en Porto Paraíso todavía eran las cinco de la mañana, el día estaba amaneciendo. A pesar de que no me sentía tan cansado por el viaje, todavía era muy temprano para ir a la oficina. Fui a casa, aunque no tenía mucha prisa por volver a esa casa.

Cuando viajé contraté una empresa de arquitectura y decoración para hacer una gran remodelación, no quería volver al mismo lugar, no quería volver a la casa donde viví meses con Virginia, pero tampoco quería dejar esa casa que me gustaba tanto y que ya era mía desde hacía tanto tiempo.

Pedí un proyecto que cambiara todo e incluso que cambiara mi cuarto a otro lugar de la casa. La empresa hizo todo en tiempo récord, desde remodelaciones estructurales hasta muebles nuevos, todo había sido hecho. Cuando quedó listo la empresa me mandó las fotos y parecía ser una casa totalmente nueva, al menos en las fotos. Esperaba que el efecto en persona fuera el mismo y para mi satisfacción fue exactamente lo que sentí desde la entrada, parecía mirar otro lugar, un lugar completamente nuevo.

Fui recibido por Romano, mi fiel mayordomo. Parecía demasiado pomposo tener un mayordomo y Romano era mucho más que eso, lo consideraba un secretario y un buen amigo, pero él insistía en que lo correcto, y la forma como le gustaba referirse a su cargo, era mayordomo, entonces lo complacía en eso.

—¡Qué bueno tenerlo de vuelta, Patricio! —Me recibió con una sonrisa sincera.

—Ah, mi amigo, amo España, pero, sorprendentemente, es bueno estar de vuelta. —Abracé a Romano, él sabía mejor que nadie lo que había pasado en esa casa—. ¿Cómo van las cosas?

—¡Muy bien! Su remodelación salió perfectamente bien.

—Estoy seguro de que cuidaste para que la empresa cumpliera las fechas y mis deseos. —Me reí, era un profesional hábil, pero con el mismo rigor que cumplía con su trabajo, exigía que los demás cumplieran con el suyo.

Durante la hora siguiente me acompañó en cada habitación de la casa y realmente había quedado todo impecable, en ningún ambiente había el mínimo recuerdo de la casa como era antes, tampoco nada me hacía recordar a Virginia. Estaba hermosa, ventilada, con aires más modernos y colores totalmente nuevos. Me gustó mucho lo que vi, principalmente mi cuarto, que fue puesto del lado opuesto al que ocupaba anteriormente. Las paredes del cuarto que ocupaba antes fueron demolidas y ahora había una terraza visible a través de grandes puertas francesas con recortes redondeados en la parte alta. Era hermoso y dejaba entrar mucha luz en ese piso que antes era oscuro. Caminé hasta ahí y había una mesa con sillas y una sombrilla de un lado de la terraza, dos sillas de playa del otro y muchas plantas decorando el espacio.

—¡Mira, me encantó esto! —Le dije a Romano que abrió una sonrisa satisfecha.

Volví adentro y abrí la primera puerta frente a la terraza, era mi nuevo cuarto, más grande, más iluminado y con una vista hermosa a la piscina y la pared de piedra que adoraba en mi patio.

—¡Esta remodelación fue la mejor decisión que tomé en los últimos tiempos, mi amigo! —Comenté una vez más.

—Estoy de acuerdo, Patricio, esta casa tiene más su personalidad que la antigua. —Romano sonrió a mi lado—. ¿Dónde quiere que le sirva su café?

—Mi amigo, hay cosas que no cambian, voy a tomar mi café contigo y con Wanda en la cocina. —Le di una palmada en el hombro a Romano que enseguida pidió permiso y se retiró. Respiré profundo, estaba contento con la remodelación.

Después de un baño tomé un excelente desayuno con Romano y Wanda, la cocinera que también estaba conmigo desde hacía mucho tiempo y me dejaba mal acostumbrado con los mimos que me preparaba en la cocina. Les entregué los regalos que traje del viaje y fui a la oficina.

Cuando llegué a la oficina me sentí realmente en casa. Amaba ese lugar, ahí era realmente mi hogar dulce hogar. Nadie había llegado todavía, fui hasta mi oficina, eché un vistazo a todo y después salí dejando los regalitos que había traído sobre las respectivas mesas. Dejé el de mi asistente, en el cual me había esmerado más, necesitaba darle una mejor impresión sobre mí. Dejé el de Manuelita, el de Rick y por último entré a la oficina de Alessandro para dejar el suyo, pero mi amigo ya estaba en su escritorio en pose de batalla.

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