Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 662

"Lisandra"

Me sentí tan cómoda en la casa de Patricio, que fue como estar en mi propia casa. La casa era hermosa, aireada, llena de luz y Romano y Wanda eran increíbles. Pero lo que más me sorprendió fue lo gentil y agradable que fue Patricio conmigo, y cuánto se acordaba de cosas de mi infancia, cosas que pensé que simplemente ni había notado.

—¿Lista para irnos? —Patricio se paró detrás de mí mientras admiraba el jardín cerca del muro de piedra en el patio.

—Ah, no sé, podría quedarme a vivir con Romano y Wanda. ¡Y esta casa es increíble! —Suspiré viendo algunas mariposas danzar sobre las flores.

—¡Para eso tendrías que vivir conmigo! —Su respuesta me tomó por sorpresa y se dio cuenta y explicó. —Ellos viven conmigo, entonces para vivir con ellos, tendrías que vivir conmigo también. Una cosa es segura, no habría monotonía en esta casa.

—Es mejor que nos vayamos, antes de que empieces a gritarme y arruines la armonía de la casa. —Me volteé riéndome y me sujetó el brazo antes de que me alejara.

—¡No te voy a gritar! —Estaba serio, por primera vez desde que salimos de la oficina. Lo sentí como una garantía, pero sabía que no conseguiría controlarse por mucho tiempo.

—Vamos, minivan, aún tenemos que ir a mi apartamento.

—¿Minivan? —Me miró divertido. —¿Minivan? Ah, niñita, no podrías estar más equivocada. ¡Vamos!

—Tal vez deberíamos llamar un taxi y tomar el carro de Manu. Los alfajores no van a caber en tu juguetito. —Me preocupé por el espacio más que reducido del súper deportivo que manejaba.

Salió jalándome hacia el garaje y cuando abrió la puerta las luces se encendieron. Miré pasmada aquello. Había ocho carros en el garaje. Aquello era un disparate. Me volteé hacia él en shock.

—¿Tienes una agencia de carros? —Pregunté y entré al garaje pasando entre los vehículos. Había un Volvo elegante y práctico para el día a día, una SUV moderna, una pickup, un Jaguar, un Maserati, un Impala 67 y un Bel Air 54, además del Aston Martin.

—Me gustan los carros. —Respondió encogiéndose de hombros. —Elige uno.

—¡Los hombres y sus juguetes! —Lo miré y me reí. —Creo que es mejor usar la SUV, tiene más espacio interno para las cajas de dulces. Pero después voy a querer dar una vuelta en ese Bel Air.

—¡Ah, la joya de la corona! ¡No eres tonta! —Sonrió orgulloso y tomó una llave de un panel iluminado.

Fuimos al apartamento, cuando llegamos, noté que mi maleta ya había sido llevada por mi hermano y Manu, entonces no había mucho que hacer, solo darme un baño y cambiarme de ropa. Después de recoger las argollas y los alfajores finalmente tomamos la carretera.

Estábamos en un silencio cómodo. Desde que estuvimos en el apartamento parecía medio tenso y no entendía por qué, pero me pareció mejor no preguntar. Y parecía que a cada minuto que pasaba se ponía más tenso. Me concentré en observar el paisaje que pasaba. Ya era de noche cuando llegamos a la hacienda. Patricio estaba callado y silencioso y después de que llegamos no me volvió a hablar.

No tenía sueño y fui a la cocina en busca de un vaso de leche tibia con canela, eso siempre me ayudaba a dormir. Encontré a Patricio sentado, tan concentrado en el vaso vacío que sostenía, que parecía estar en una reflexión profunda.

—¿Todo bien ahí? —Pregunté al pasar junto a él camino al refrigerador. Me miró y dio un largo suspiro.

—No tengo sueño.

—Sí eres, una niñita mimada y berrinchuda, que no le gusta que la contradigan y siempre quiere llamar la atención.

—¿Ah, eso crees? —Lo encaré.

Usaba una bata de satín lila que estaba bien amarrada en mi cintura y debajo tenía un babydoll lila, corto y transparente, pero no pensé en lo que hice, solo lo hice. Abrí la bata y la dejé caer al suelo, después me quité la parte de arriba de mi babydoll y lo encaré. Me miraba perplejo.

—¿Una niñita tiene estos pechos por casualidad? —Lo desafié y me miraba como si estuviera loca.

Tal vez estaba un poco loca de rabia, pero iba a tragarse esos insultos y no me volvería a llamar niñita nunca más. Me miraba boquiabierto, sin palabras. Y yo lo encaraba de vuelta furiosa. Dio un paso hacia mí, pero se detuvo antes de dar el segundo. Se pasó las manos por la cabeza frustrado y me dio la espalda.

—¡Aaah! —Puso las dos manos en la pared, arriba de la cabeza y no volvió a mirarme. —Vístete y sal de aquí ahora. —Habló con la voz baja y fría.

—No hasta que tú... —Estaba lista para la pelea, no me iba a acobardar.

—¡Hasta nada, muchacha! —Subió el tono de voz y habló de forma autoritaria y arrogante. —¡Sal de mi cuarto! Estoy seguro de que tus papás van a estar decepcionados si saben cómo te comportas. Y solo para que sepas, solo me probaste que siempre tuve razón, eres una niñita mimada que le gusta llamar la atención.

Tomé mi blusa del suelo y me la puse, me metí en la bata cerrándola hasta el cuello y salí de ese cuarto sintiéndome humillada y rechazada. Entré rápido a mi cuarto que estaba al lado y me tiré en la cama. Pasé la noche en vela, llorando y arrepentida de haber tratado de hacerle ver, nunca me vería. Para él siempre sería la hermanita molesta del amigo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)