"Patricio"
Me quedé esperando a Lisandra en la sala del apartamento y pensando en lo fácil que era tratar con ella, lo divertida, cálida y amigable que era con las personas. Había sido muy agradable y muy natural almorzar con ella ahí en la cocina de mi casa, como si siempre hiciéramos eso. Lisandra era un rayo de sol de verano, cálido y acogedor. Y eso era muy peligroso.
Y cuando regresó a la sala, pensé que iba a tener un colapso. Usaba una falda roja, con pequeñas flores blancas estampadas y una blusita blanca que dejaba una franja de su vientre a la vista y evidenciaba la parte alta de sus senos. La falda era más larga y suelta, pero tenía un corte en la pierna izquierda que iba casi hasta arriba del muslo, que aparecía torneado entre los volantes que contorneaban el corte. Era como la visión de la rosa de primavera, la más bella y más rara flor del mundo.
No podía dejar que su encanto me dominara, necesitaba controlarme y mantener distancia. Necesitaba recordar a la niñita que vi nacer. Pero a medida que pasaba el tiempo, en el espacio confinado de mi carro, sintiendo su olor dominar mis pensamientos empezaba a molestarme con Flavio por haberme metido en este lío al sugerir que viniera conmigo a la hacienda. Y me molesté con él de verdad hasta llegar a la hacienda.
Más tarde, después de ver a Lisandra tratar a las personas con tanta desenvoltura, me fui poniendo cada vez más confundido y agitado. Fui a mi cuarto, pero no estaba logrando dormir. Salí del cuarto y fui a la cocina en busca de un vaso de agua, pero ella apareció ahí, usando una bata lila que llevó mis pensamientos al beso furtivo que nos dimos tantos años antes.
Estaba seguro de que fue su primer beso, sus labios estaban temblorosos y su lengua incierta, era inexperta, pero, aun así, había sido un beso sabroso, como si nuestras bocas hubieran encajado bien, y por años ese beso volvía en mis sueños, pero parecía que me atormentaba la culpa.
Necesitaba salir de su presencia o perdería el juicio. La llamé niñita, pues sabía que la irritaba y eso la mantendría lejos de mí. Fui a mi cuarto apurado y me encerré ahí, pensando que estaría seguro. Pero no estaba. Esta vez no huyó, vino detrás de mí y me enfrentó.
Se quitó la blusa y exhibió sus senos perfectos, dejándome como un viajero sediento en el desierto. Era como un espejismo ahí frente a mí, la veía, la quería, pero no podía tocarla. Necesitaba que saliera de mi cuarto antes de que perdiera el control totalmente y saltara a ese abismo para quemarme en las llamas del infierno. Entonces la ofendí una vez más, fui cruel, estúpido e idiota. Pero salió, salió corriendo y me di cuenta de que ya estaba en el infierno, aun sin haber saltado a ese abismo tentador y seductor.
Pasé la noche en vela y la escuché llorar por horas. Su cuarto estaba al lado del mío y el primero antes de la escalera. Nadie más la escucharía, nadie más iría a consolarla, pero no podía ir, no podía consolarla. Cada sollozo que escuché de su llanto fue como una daga clavada en mi corazón. Dolió, dolió mucho, pero necesitaba mantener distancia de ella.
Al día siguiente, cuando apareció para el desayuno, que se sirvió en el área externa de la casa, usaba grandes lentes oscuros y sabía que no era por el sol. Tampoco traía en los labios esa sonrisa bonita y alegre. Usaba un pantalón de mezclilla y una camisa negra abotonada hasta arriba, como si se estuviera escondiendo. Pero ahora no le servía esconderse, ya se había mostrado y me había dejado maravillado con su belleza y sería imposible olvidar lo que vi.
—Querida, estás muy seria hoy. —El papá de Manu se sentó a su lado y le tomó la mano.
—No dormí bien, tío Orlando. —Le sonrió, una sonrisa triste.
—Ah, qué lástima, ¡tú también! Tal vez ustedes dos extrañaron la cama. —Era un hombre muy simpático y parecía muy cómodo con Lisandra.
—¿Dónde está todo mundo? —Preguntó viendo que solo estábamos nosotros tres por ahí.
—Fueron al pueblo. No sé qué más cree Olivia que falta en esta casa. —El Sr. Orlando sonrió. —Bueno, necesito ir a ver unas cosas de la hacienda. Están en casa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....