"Patricio"
Tan pronto como Melissa se fue jalé a Lisandra más cerca, quería tocarla, quería besarla, quería estar con ella más tiempo, no quería que me echara. Empecé a besar su cuello y sentí su cuerpo relajarse con mi cariño, cerró los ojos y suspiró.
—Tiene razón, mi perfume está en ti. —Sonrió al escucharme y pasé la nariz por su hombro. —¡Me gusta eso! —Sentí algo tan bueno, era una delicia sentir que estaba en su piel. Pero aún olí mi propio brazo y sonreí una vez más. —¡Y tu perfume está en mí! Dios, me gusta mucho eso. Me gusta mucho que estés en mi piel mientras yo estoy en la tuya.
—No estás solo en mi piel. —Me sonrió de forma tan tierna, que quise estar en cada parte de ella, entonces la besé. Estar con ella era demasiado bueno.
—¿Ah, no? ¿Y dónde más estoy? —Besé detrás de su oreja y se ponía cada vez más relajada.
—En todos lados. No sales de mi cabeza. —Sonreí, me sentí importante y querido.
—Mi dulce, Mel tiene razón, necesitamos conversar, por más que quiera estar besando esa boca hermosa y sabrosa todo el día. —Sonrió, parecía siempre sorprenderse con mis elogios.
—No me importa que pases el día besándome. —Me reí de su ocurrencia.
—Pero es en serio, mi hermosa, ¿cómo van a ser las cosas ahora? —Me miró seria, como si una vez más no entendiera.
—¡Patricio, eres tú quien tiene que decirme eso!
—¿Por qué yo? No entendí.
—¡Porque eras tú quien no me soportaba! —No esperaba eso. Era directa.
—Creo que tenemos mucho de qué conversar. —Suspiré viendo que necesitaría aclarar algunas cosas. —Mi dulce, pasamos la noche juntos y fue increíble para mí, tan increíble que quiero más...
—¿Quieres? —Me interrumpió con los ojos brillantes.
—¡Quiero mucho! ¿Cómo no voy a querer? Eres hermosa, sabrosa, nos entendimos bien en la cama, fue demasiado delicioso. Caramba, quiero mucho, ¡quiero demasiado! —Su sonrisa estaba enorme en la cara, así como la mía. —Pero me preocupo.
—¿Qué te preocupa? —Me miró y pasó la mano por mi cara. Un toque delicado, que parecía querer darme consuelo.
—Me preocupa tu familia. Tus hermanos son mis amigos, especialmente Flavio, es como un hermano. Y están tus padres...
—Patricio, soy una mujer adulta, tomo mis propias decisiones y ellos no tienen nada que ver con eso. —Habló bastante seria.
—Lo sé, mi dulce, pero no quiero perder buenos amigos. Lisandra, te vi nacer, te vi crecer. —Resopló y se levantó.
—Eso fue hace mucho tiempo, Patricio. —Se puso las manos en la cara. Me levanté y me acerqué a ella.
—Fue hace mucho tiempo, ahora eres una mujer. Y me tardé en darme cuenta de eso. ¿Cómo crees que Flavio va a reaccionar cuando regrese y descubra que nos estamos entendiendo? —Quitó las manos de la cara y me miró.
—¿Entendiendo?
—Mírame. —Me miró, parecía haber una tormenta en sus ojos, ya no ese brillo de estrellas. —¿Qué pasa?
—No pasa nada. —Dio una media sonrisa que no llegó a los ojos. —Creo que tengo hambre. Voy a preparar café.
Salió de mi abrazo y fue hacia la cocina. Algo había cambiado, solo podía imaginar que realmente no le gustaba hacer las cosas a escondidas. A mí tampoco me gustaba, pero era la mejor solución, pues en el momento en que su familia supiera, tendríamos solo dos opciones, o nos alejarían o exigirían que asumiéramos una relación. Y no quería alejarme y tampoco creía que fuera el caso de asumir cualquier cosa.
Fue demasiado bueno estar con ella, estaba revolviéndome la cabeza, pero aún no estaba listo para una nueva relación. Y aunque lo estuviera, una relación con ella sería demasiado complicada y eso no me emocionaba. Era mejor mantener todo en secreto. Fui tras ella a la cocina y la vi revolver los armarios y mirar fijamente la cafetera.
—¿Qué pasa? —Pregunté encontrando extraño que se quedara parada frente a la cafetera apagada.
—Necesito hacer compras. —Murmuró. Sus ojos aún estaban vagos.
—¡Ven acá! —La jalé hacia mi pecho. No me gustó verla así, medio apática. —Escúchame, si no quieres hacer secreto de esto, no lo hacemos. —Besé su cabeza, sabía que no le gustó tener que guardar secreto sobre el hecho de que ahora estábamos durmiendo juntos. Entonces si prefería contarlo, que fuera, trataría de resolverlo con Flavio.
—¡Solo quiero tomar café! —Habló tan bajito.
—Para eso, vamos a tener que salir y para salir necesitamos un baño.
—Mejor no, si vamos a mantener el secreto, mientras menos salgamos juntos solos, menores las posibilidades de que nos vean juntos. —Suspiró. Y no me gustó mucho escuchar eso.
—No me quiero ir ahora. —Realmente no quería, quería quedarme un rato más con ella. —Quiero pasar el día contigo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....