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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 714

"Patricio"

Esa reunión de familias era algo por lo que ya esperaba. Sabía cómo eran mis padres y conocía bien a la familia Moreno para saber que se reunían para todo. Al final de cuentas hasta me estaba pareciendo divertido. Con los padres ahí, Flavio y Raúl no lograrían intimidarme, pues tenía a los padres de Lisandra de mi lado, de cierta forma eso era muy conveniente.

Pero Lisandra estaba estresada con los visitantes, aquello la agarró por sorpresa y la puso nerviosa. La referencia de Raúl a la boda la hizo perder la calma completamente. Miré a Lisandra y estaba roja de rabia, miré bien en sus ojos y me di cuenta de que había miedo ahí. ¿Será que pensó que iba a salir corriendo porque Raúl estaba tratando de intimidarme con la mención de una boda? No lo haría, hablé en serio cuando dije que quería estar con ella y mientras estuviera bien así, esos dos hermanos suyos no me harían correr.

Sostuve la mano de Lisandra y le sonreí, como pidiéndole que se calmara y asegurándole que todo estaba bien. Me miró fijamente y respiró profundo. Era como si nos estuviéramos entendiendo con la mirada, una mirada que duró pocos segundos, pero estaba consciente de todos los ojos sobre nosotros. Después, con calma, me volteé hacia Raúl.

—Estoy seguro de que sus padres no quieren que me apresure a ponerle un anillo en el dedo a su hermana, Raúl. —Hablé con un modo calmado y relajado, dejando claro que nada me alejaría de ella, ningún tipo de presión.

—¡Y no queremos! —El Sr. Moreno estuvo de acuerdo conmigo, como predije. Realmente era un excelente aliado.

—Mira, muchachos, estamos muy felices de que ustedes dos se estén entendiendo, eso parecía imposible. Pero tenemos experiencia suficiente para saber que pasaron mucho tiempo peleando y mucho tiempo sin verse, entonces necesitan conocerse. Para eso sirve el noviazgo. El matrimonio es solo para el momento en que no quede ninguna duda y ustedes decidan pasar el resto de la vida juntos y no porque a nosotros nos gustaría que fuera así. ¿Estás de acuerdo conmigo, César? —Mi padre fue ponderado y noté que Lisandra soltó el aire que contenía sin darse cuenta. Yo seguía con la mano sobre la suya y le hacía una caricia con el pulgar, para que sintiera que estaba con ella, que aquello no me había afectado.

—¡Así es! —El Sr. Moreno estuvo de acuerdo. Pero Raúl no estaba satisfecho y apeló a la madre.

—¿Tú también piensas eso, mamá? ¿No crees que Lisa debería casarse pronto para seguir siendo virtuosa? —Raúl era un provocador y a esas alturas, y por la elección de sus palabras, me di cuenta de que nos estaba provocando a mí y a Lisandra, ya divirtiéndose al tenernos contra la pared.

—¡No seas ridículo, Raúl! Sé bien lo que estás insinuando, así como sé bien cómo son los noviazgos hoy en día. Te voy a recordar que tu hermana ya tuvo un novio, un novio desagradable, por cierto. Si crees que espero que tu hermana, a los veintisiete años sea virgen, pura e inmaculada, debes pensar que soy una alienada. Cosa que nunca fui. —Doña Inés reprendió a Raúl.

Por el rabillo del ojo vi la incomodidad de Lisandra y me di cuenta de que estaba un poco avergonzada, seguramente no era cómodo para ella tener a la familia en la mesa del desayuno discutiendo su virginidad perdida frente al novio actual. Pensé que necesitaba ir en su rescate y tratar de cambiar el rumbo de la conversación.

—¡Muy bien! Doña Inés, Lisandra es una mujer virtuosa, me alegra que usted no se aferre a puritanismos anticuados. —Le sonreí a doña Inés y fui agraciado con su sonrisa afectuosa. Su sonrisa se parecía mucho a la sonrisa de Lisandra, aunque fuera más contenida—. Pero ahora que ya limamos asperezas, me gustaría invitarlos a hospedarse en mi casa, allá podremos estar todos juntos cómodamente.

—¡Ah, Inés, Patricio remodeló la casa, quedó maravillosa! —Mi madre aprobaba la idea y pronto la conversación volvía a un campo más ameno.

—¡Ah, pero me encantaría, Patricio! —Doña Inés parecía gustarle la idea también.

—No, mamá, se van a quedar en nuestra casa. —Flavio se quejó.

—No esta vez, mi hijo, acabas de mudarte con tu esposa, todavía necesitan privacidad. —El Sr. Moreno le respondió al hijo y después se volteó hacia mí—. Nos da gusto aceptar tu invitación, Patricio. Además, creo que es difícil separar a Inés y Lucinda.

Mi madre y doña Inés eran amigas desde hacía décadas, mucho antes de casarse y fue el Sr. Moreno quien presentó a mis padres, pues los dos se hicieron amigos en la facultad, dos extranjeros en Oxford. Cuando terminaron los estudios, el Sr. Moreno quiso volver a Campanario y trajo al amigo español para pasar un período y mi padre no se fue más, transfirió los negocios posibles a Campanario y viajaba a España de vez en cuando para cuidar lo que había quedado allá. Solo que no sé si se enamoró primero de Campanario o de mi madre.

—Bueno, entonces está resuelto. —Concluí alegremente.

—Me robaste a mi hermana y ahora vas a robar a mis padres... —Flavio refunfuñó a mi lado mientras las conversaciones continuaron alrededor de la mesa.

—Deberías agradecerme, vas a poder dedicarte bastante a tu bajita. —Me reí—. ¡Pero si quieren, ustedes pueden hospedarse allá en casa también, hay cuartos suficientes!

—No, estoy ansioso por volver a casa. —Flavio sonrió.

—Que mis padres estén aquí y se hospeden allá no cambia nada.

—¡Pero no quiero estar lejos de ti!

—Entonces deberías haber dejado que Flavio se las arreglara con ellos. Y solo vas a estar lejos si quieres. Yo voy a estar aquí.

—Pero todos van a encontrar extraño que no vayas para allá.

—Y nadie tiene nada que ver con eso. Pero, voy a decir que no quiero dejar mi apartamento.

—Tienes una facilidad para decir que no es asunto de nadie. —Me reí.

—¡Porque no lo es! Ahora vamos a llenar tu casa con los Moreno y los Guzmán. —Sonrió—. Tengo ganas de ver a Wanda y Romano.

—¡Ellos también viven preguntando por ti! Voy a pedirle a Wanda que prepare el almuerzo. Lleva al menos un bikini, vamos a pasar la tarde en la piscina. —Insistí, extrañamente me sentía decepcionado de que no fuera a pasar unos días en mi casa.

—No, solo voy a almorzar con ustedes y regreso acá, voy a aprovechar para encontrarme con Mel.

No estaba muy satisfecho con que se negara a quedarse en mi casa. Pero si no estaba listo para llevarla allá, si no estaba listo para crear recuerdos allá, sería mejor así. ¿Por qué entonces esto me molestó tanto? No sabía explicarlo.

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