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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 713

"Lisandra"

¡Cuando vi a Flavio y Manu de pie en la puerta de mi cuarto casi me da un soponcio! Conocía a Flavio, haría un escándalo con la situación. Pero afortunadamente Manu había domado a mi hermano y logró controlarlo, al menos un poco.

—Manu, ¿realmente crees que es seguro dejar a los dos solos? —Le pregunté a mi cuñada tan pronto entramos en la cocina.

—Quédate tranquila, Lisa, mi delegado no va a lastimar a tu amorcito. Le avisé a Flavio que no usara la llave del apartamento, pero no me escuchó. —Manu y yo nos reímos—. Ahora cuéntame, ¿qué novedad es esta?

—¡Ay, Manu! ¡Estoy tan feliz! No tienes idea.

—Ah, la tengo, sé bien cómo es. —Se rio y le conté cómo pasó todo.

—Y fue eso, cuñadita, ahora estoy haciendo lo mejor para conquistar a este hombre y ¡no voy a admitir que mis hermanos arruinen esto!

—¡No van a arruinarlo! Pero, Lisa, sabes sobre Virginia y todo lo que pasó, ¿verdad? Sabes que te estás arriesgando.

—Sí, Manu, sé que puede ser que no se enamore de mí, pero, como dijo mi madre, no va a doler más que si no lo intento.

—¡Eso es! —Manu sonrió—. ¡Pero creo que se va a enamorar, va a funcionar!

—¿Y cuéntame de tu luna de miel? ¿Mi hermano sigue siendo todo lo que soñabas?

—¡Ah, es mucho mejor! —Manu tenía los ojos soñadores y me fue contando cómo el viaje había estado bueno.

Cuando terminamos de poner la mesa para el desayuno, Flavio y Patricio parecían ya haberse entendido y respiré aliviada, pues nadie le pegó a nadie. Pero sonó el timbre antes de que pudiera preguntarles cualquier cosa. Me pareció extraño que el portero no hubiera anunciado a nadie, tendría que revisar esa lista de visitantes preaprobados. Fui hasta la puerta y en el camino enfrenté a Flavio, pero su rostro era impasible.

—¡SORPRESAAA! —Apenas había registrado los seis rostros frente a mí cuando abrí la puerta y ya estaba recibiendo una avalancha de abrazos y besos.

—Pero, ¿qué...? —miré a mis padres, los padres de Patricio y Raúl y Paula entrando al apartamento con la mayor naturalidad y sin ningún aviso, como si estuvieran llegando a una fiesta.

—¡Ah, pero los casaditos ya están aquí también! —Mi madre abrazó a Manu y caminó hacia Patricio—. Hijo, qué bueno que ya se entendieron.

—¿Cómo que se entendieron? —Flavio preguntó confundido.

—¿Por qué no le rompiste la cara? —Raúl le preguntó a Flavio señalando a Patricio.

—¿Por qué no le rompiste la cara tú? —Flavio le devolvió la pregunta a Raúl y miró a todos tan confundido como yo.

—Nadie le va a romper la cara a nadie, no somos hombres de las cavernas. —Mi padre les llamó la atención a Flavio y Raúl.

—Pero papá, no sabes lo que hizo Patricio. —Flavio se quejó como un niño y mi padre alzó la mano.

—Disculpe, Lucinda. —Raúl tuvo la delicadeza de parecer sin gracia y tía Lucinda se rio.

—No te preocupes, Raúl, ¡realmente es un idiota! ¡Se tardó años en darse cuenta de que Lisa es una mujer maravillosa! —Tía Lucinda me sonrió y Raúl la miró en shock.

—Pero es solo una niña... —Raúl iba a empezar a protestar, pero mi padre lo cortó.

—Mira aquí, ustedes dos —señaló a Flavio y Raúl—, Lisandra sí es una mujer, ya tiene veintisiete años. Me extraña mucho que los dos se pongan a molestarla, pues cuando empezaron a salir nunca aceptaron interferencia de nadie ni escucharon opiniones y cuando decidieron casarse también hicieron todo como quisieron. Así que ahora ustedes dos van a parar con esa tontería y van a dejar que su hermana viva su vida. Es lo suficientemente lista e inteligente para lidiar con Patricio. —Mi padre me estaba dando apoyo por primera vez en la vida y eso me puso muy feliz. Desde que pasó todo entre Manu y Flavio él estaba muy cambiado.

—¡Papá, tenemos que proteger a nuestra hermana! —Flavio refunfuñó.

—¡Patricio no es el coco, Flavio! Además estás siendo hipócrita. Y tú también, Raúl. ¿Los hermanos de sus esposas los trataron así? ¡No! ¿Los amenazaron con pegarles? No. Y tú, Flavio, no olvides, ¡tu esposa es mucho más joven que tu hermana! Así que paren con esa tontería.

—Pero, papá... —Raúl trató de quejarse, pero mi padre alzó la mano.

—¡Estoy muy feliz con este noviazgo! Siempre quisimos unir las familias, ¿verdad, Alonso? E Inés y yo tenemos gran admiración por Patricio, es un buen hombre. No podría querer a nadie mejor para la hermana de ustedes. ¿Estamos conversados?

—¡Está bien, papá! Pero entonces, Patricio, ¡bienvenido a la familia! —Raúl se rindió y sonreí, pero mi sonrisa no duró mucho—. ¿Cuándo será la boda?

—¡RAÚL! —Le grité. ¿En qué estaba pensando? Como si no bastara esta reunión familiar, la mención de una boda podría hacer que Patricio desistiera de mí en el momento.

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