Punto de vista de Avery
Miré la bandeja. Un vaso de lo que parecía ser jugo de naranja recién exprimido, un sándwich con queso y carnes frías, y un pequeño recipiente con dos pastillas.
Se me hizo agua la boca un poco al ver la comida. A decir verdad, el jugo de naranja a menudo me ayudaba con las migrañas; algo en la vitamina C y el azúcar contribuía a suavizar el dolor en los bordes. Y el sándwich de verdad lucía bien, bastante grueso y con una hoja de lechuga crujiente sobresaliendo.
No estaba segura de cómo sabía Gideon que eso ayudaría, pero el gesto de todos modos me entibió el pecho un poco.
Sin embargo, aplasté el sentimiento rápidamente antes de que pudiera echar raíces. No iba a aceptar otra “amabilidad” de su parte. No cuando sabía que todo esto era solo una actuación para convencerme de volver a casa con él, donde mi hijo se convertiría en su heredero y yo pasaría a ser la amante mientras Fiona se quedaba con el título de Luna para ella sola.
—Gracias, pero estoy bien —dije, poniéndome de pie.
En el momento en que lo hice, la cabeza me dio vueltas y la visión se me oscureció por los bordes. Con un jadeo, estuve a punto de colapsar ahí mismo cuando las rodillas se me doblaron.
Gideon me atrapó antes de que eso sucediera.
Por un momento, ninguno de los dos se movió. Sus brazos se sentían cálidos y familiares alrededor de los míos, y eso hizo que todos mi instintos se activaran. Mi loba aulló, instándome a presionar más cerca, a sentir más del cuerpo de Gideon contra el mío. De inmediato, pude sentir que mi dolor de cabeza empezaba a desvanecerse como una marea fría que se retira de la orilla.
Eso me enfureció.
Empujé contra el pecho de Gideon.
—Suéltane, por favor.
Gideon me miró hacia abajo con una calma tan completa y absoluta que me molestó todavía más.
—Avery, casi te desmayas justo ahora. ¿Quieres golpearte la cabeza contra el roble?
Fruncí los labios. En el fondo, sabía que tenía razón. Me sentía fatal y necesitaba alimento y medicina si quería ponerme mejor. Ponerme terca no iba a ayudar en nada a la situación.
—De acuerdo —dije con cierto fastidio—. Me portaré bien.
Los labios de Gideon se curvaron con diversión ante mi elección de palabras, y el rostro se me calentó. Con suavidad, me bajó de nuevo hacia la hierba, ayudándome a apoyarme contra el árbol. Luego levantó la bandeja y la colocó sobre mi regazo.
—Gracias —murmuré. Tomé las pastillas y me las metí en la boca, luego me las tragué con un sorbo del jugo de naranja.
Casi me atreví a esperar que Gideon se hubiera marchado para cuando levantara la vista, pero por supuesto no fue así. Se sentó justo a mi lado, observándome.
—No tienes que quedarte —dije, tomando una mitad del sándwich.
Él no se movió.
—Quiero asegurarme de que estés bien.
Quise rodar los ojos, pero por alguna razón descubrí que no podía. El gesto era ciertamente amable, y me encontré pensando de nuevo en las palabras de Melissa de ayer; sobre si mi miedo estaba basado en la realidad o en suposiciones.
Sin poder evitarlo, mi mente regresó a aquel día crucial hace tantos años en el campamento de Asher, cuando pensé que ambos moriríamos allí.
Gideon había declarado claramente que solo quería a mi cachorro, no a mí. Y se había acostado con una esclava justo en frente de mí.
Eso sin duda se sentía como la realidad.
Mi mandíbula se apretó ante el recordatorio. Le di un gran mordisco a mi sándwich, mastiqué y tragué. Tenía que admitir que estaba bastante sabroso.
Gideon me miró de reojo.
—Entonces —dijo—. ¿Migraña, o...?
—Sí —le di otro mordisco y hablé con la boca llena—. ¿Cómo lo notaste?
—Avery, espera...
—El hecho de que haya elegido dejar las manadas no tiene nada que ver con mi migraña —solté de golpe—. De hecho, si me hubiera quedado en las manadas, Bjorn ni siquiera estaría aquí. Porque él no es tu hijo.
Gideon se me quedó mirando con los labios abiertos. Antes de que pudiera sentirme culpable por la mentira, me di la vuelta y me marché.
—¡Tampoco me sigas a todas partes! —le grité por encima del hombro—. Somos socios de negocios, nada más. Métete eso en la cabeza.
Gideon no respondió. Pero podía sentir sus ojos puestos en mí mucho después de haber desaparecido de su línea de visión.
El resto de la jornada laboral transcurrió sin contratiempos. La medicina y el alimento, de hecho, ayudaron mucho. No volví a ver a Gideon después de eso; debió de haberse marchado con la cola entre las patas.
La pequeña mostró cierta respuesta a la Raíz de Licántropo, lo cual era prometedor. Hice planes con Aldric para regresar para otra prueba en un par de días y luego me fui. Para cuando regresé a mi auto, mi dolor de cabeza había desaparecido, y también el vehículo de Gideon.
Conduje a casa un poco por encima del límite de velocidad, ansiosa por regresar a la seguridad y al lado de Bjorn. El sol se estaba ocultando para cuando me estacioné en la casa del Alfa de Siempre Verde. Bostecé, estirándome un poco mientras bajaba del auto, y luego me dirigí al interior.
—¡Avery! ¡Ahí estás! —Sebastian, que al parecer me estaba esperando, llegó corriendo al vestíbulo cuando llegué—. ¿Acaso no recibiste mis llamadas?
—¿No...? —saqué mi teléfono del bolso. No lo había mirado ni una sola vez en todo el día, lo cual rápidamente me di cuenta de que fue un error. Había varias llamadas perdidas, mensajes de voz y mensajes de texto de Sebastian.
Miré a mi amigo hacia arriba.
—¿Qué pasó?
Su rostro palideció.
—Bjorn desapareció —dijo—. No hemos podido encontrarlo en todo el día.

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