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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 109

Dominic se quedó petrificado. El aire se le escapó de los pulmones y, por primera vez, no pudo contener la emoción. Las lágrimas brotaron de sus ojos y rodaron por sus mejillas mientras una sonrisa temblorosa se dibujaba en su rostro. Era una mezcla de alegría devastadora y alivio.

Derek, al ver la reacción de Dominic, dejó el cuaderno y lo miró con timidez, casi con temor.

—¿Yo también puedo decirte papá? —preguntó el niño en un susurro.

Dominic los atrajo a ambos hacia su pecho, abrazándolos con las fuerzas que no tenía, llorando abiertamente mientras Grace se llevaba una mano a la boca, profundamente conmovida y con los ojos empañados.

—Era lo único que esperaba para estar tranquilo —respondió Dominic con la voz rota, cubriéndolos de besos—. Es lo único que necesitaba escuchar.

Mientras los apretaba contra sí, un pensamiento cruzó su mente como una sentencia definitiva: Ahora sí puedo morir en paz.

****

André cruzó el umbral de la mansión Pierce con un paso que denotaba la importancia de la información que cargaba. En la estancia principal, Charlotte estaba sentada en su sillón de mando, rígida, mientras Dustin permanecía de pie a su lado, impaciente. La atmósfera estaba cargada de una expectación agobiante.

—¿Has averiguado algo? —soltó la anciana sin preámbulos, fijando sus ojos gélidos en él.

—Señora Charlotte, no le traigo buenas noticias —respondió André, dejando su maletín sobre la mesa de centro con un gesto solemne.

—Habla de una vez —ordenó Dustin, cruzándose de brazos.

—Como ordenó, he seguido a Dominic estas semanas —comenzó André, bajando un poco el tono—. Vi que iba seguido al hospital, pero no se quedaba solo con Arthur; iba con demasiada frecuencia al área de neurología. Me puse a investigar a fondo y mis contactos me informan la realidad: tiene un tumor inoperable. Quizás le queden solo días de vida.

El silencio que siguió fue sepulcral. Charlotte, a pesar de su coraza de hierro, palideció de forma visible. Sus dedos se apretaron contra el bastón. No hubo lágrimas, pero el golpe de la noticia la dejó sin aliento por un segundo.

Charlotte observó a André durante unos segundos, evaluando la frialdad con la que trazaba el plan. Una chispa de aprobación brilló en sus ojos.

—Me caes bien, muchacho —admitió ella con una voz ronca—. Eres inteligente, mucho más que otros que me gustaría que tuvieran esa cabeza fría —añadió, lanzando una pulla indirecta a Dustin.

Dustin, queriendo recuperar terreno y alimentar el odio de la anciana, se inclinó hacia ella.

—Abuela, ¿no has pensado que quizás Grace sabe de la enfermedad de Dominic y se ha aprovechado de la situación? —soltó con malicia—. Quizás lo ha manipulado en su debilidad para que le firme hasta el último centavo.

Charlotte abrió los ojos con una furia renovada. La idea de que Grace Scott estuviera riéndose de ellos mientras esperaba que Dominic exhalara su último suspiro la hizo temblar de odio.

—Claro... esa arribista —masculló Charlotte entre dientes, levantándose con una energía oscura—. Se ha estado cobrando cada desprecio que le hice. Aprovechandose de la situación. Me va a escuchar la maldita.

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