Charlotte se alarmó al ver que él empezaba a agitarse y se acercó más, tratando de tomarle la mano.
—No, no te alteres, por favor. De esa mujer no sabemos nada hace años, no pienses en ella ahora —dijo con rapidez, tratando de borrar el rastro de su propio veneno—. Lo importante eres tú.
Dominic se apartó de su contacto, cerrando los ojos con fuerza y llevándose una mano a la sien.
—Me duele la cabeza... me confunde mucho, señora —dijo con un rictus de dolor—. No entiendo nada de lo que dice.
—Debes venir a casa, mi niño —insistió Charlotte—. Vas a venir a la mansión conmigo. Allí te vamos a cuidar como te mereces, estarás rodeado de tu verdadera familia y vas a recuperarte pronto. Allí estarás a salvo.
Dominic abrió los ojos y la observó con una fijeza que incomodó a la anciana. Su voz bajó una octava, volviéndose tajante.
—No la conozco —sentenció Dominic, mirándola de arriba abajo con una frialdad absoluta—. No me inspira confianza. De hecho, no confío en usted en absoluto. Por favor, retírese.
Charlotte retrocedió un paso, como si las palabras de Dominic hubieran sido un golpe físico directo al pecho. El bastón de plata vibró bajo su mano debido al temblor de su propio cuerpo. Sus labios se apretaron en una línea fina, intentando contener una mezcla de humillación y desconcierto. Nunca, en todos sus años de dominio absoluto sobre la familia Pierce, nadie le había hablado con semejante desprecio, y mucho menos su nieto predilecto.
—¿Que no confías en mí? —susurró ella, con la voz cargada de una indignación que apenas lograba ocultar el dolor—. Soy tu sangre, Dominic. Soy la única que siempre te ha querido.
Dominic cerró los ojos para no escucharla. La anciana derrotada salió de la habitación sintiendo una opresión en el pecho.
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Mientras Charlotte estaba dentro de la habitación, Dustin se acercó a Grace en el pasillo, aprovechando que nadie los observaba. Su rostro se transformó en una máscara de desprecio y se inclinó hacia ella para que sus palabras fueran un veneno privado.
—Mírate, Grace. Sigues aquí como un perro fiel esperando una recompensa que no va a llegar —mascó Dustin con saña—. ¿De qué te sirve haberte metido en su cama y en su vida si ahora él no sabe ni quién eres? Eres una extraña para él. Una arribista que se quedó sin su protector. Disfruta de tus últimos minutos de importancia, porque voy a barrer con todo lo que construiste en la empresa. No eres más que una mancha en el apellido Pierce y te voy a borrar de un plumazo.
Dustin, que no podía creer lo que estaba oyendo, dio un paso adelante con el brillo de la ambición encendido en sus pupilas. Su corazón latía con fuerza ante la posibilidad de tener el trono, aunque fuera por tiempo limitado.
—Abuela, es la oportunidad de demostrarte que puedo ser un buen líder —intervino Dustin, tratando de sonar convincente—. Puedo manejar la empresa sin problemas mientras Dominic se recupera de su... condición.
Grace ignoró a Dustin y se enfocó únicamente en la matriarca, sabiendo qué fibras tocar.
—Usted, Charlotte, quiere que un Pierce lidere la empresa cueste lo que cueste. Pues bien, aquí tiene su oportunidad. La toma o la deja. Quince días de prueba absoluta para Dustin.
La anciana guardó silencio durante unos segundos, evaluando el riesgo. Miró a su nieto, luego la puerta de la habitación donde Dominic la había desconocido, y finalmente volvió a Grace. El orgullo de ver a un "Pierce de sangre" al mando pudo más que su desconfianza.
—La tomamos —sentenció la abuela con firmeza—. Dustin asumirá el cargo de inmediato. Espero que estés lista para las consecuencias si él demuestra ser mejor de lo que tú esperas.

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