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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 121

Grace cerró la puerta con cuidado, asegurándose de que el pestillo encajara y de que no hubiera rastro de Dustin o la abuela en el umbral. Se acercó a la cama con el corazón todavía agitado por el enfrentamiento.

—¿Cómo te sientes? —susurró ella, sentándose a su lado—. Hice lo que me pediste. Dustin asumirá el mando a partir de hoy.

Dominic, que hasta hace un momento mantenía la mirada perdida y vacía, se incorporó un poco, recuperando esa intensidad que solo Grace conocía. Una sonrisa gélida y cargada de anticipación asomó en sus labios.

—Perfecto —soltó él con voz firme—. Veremos si ese infeliz da la talla o si se hunde en su propia incompetencia.

—¿Sospechas de él? —preguntó Grace, bajando aún más la voz—. ¿Crees que fue él quien manipuló los resultados?

—Estoy seguro, Grace. Si me quitaba del medio, el imbécil pensó que se quedaría con todo de inmediato. Es al único que le interesaba hacerme a un lado de forma tan definitiva.

Grace suspiró, acariciándole la mano para intentar transmitirle paz.

—Ya no pienses más en eso ahora, descansa. Tienes que recuperarte. Cuando te den el alta, vendrás a vivir conmigo y con los niños a casa. Estaremos juntos.

Dominic apretó la mano de Grace con una fuerza que le devolvió el aliento. La miró con una ternura profunda, una que no necesitaba fingir.

—Como siempre debió ser —murmuró él.

Tiró de ella suavemente, obligándola a inclinarse hasta que sus labios se encontraron en un beso urgente y posesivo. Fue un instante de conexión real en medio de tanta mentira, pero se separaron de golpe al oír unos nudillos golpear la puerta con insistencia.

Grace se arregló el cabello rápidamente antes de abrir. En el pasillo estaba Maxwell; su rostro estaba desencajado, pálido y con los ojos inyectados en sangre.

—Tengo que hablar contigo —dijo Maxwell sin siquiera saludar.

Grace salió al pasillo y cerró la puerta tras de sí, alarmada por su estado.

—¿Qué ocurre? ¿Qué pasó, Maxwell?

—Es Arthur —soltó él, con la voz quebrada—. Extraña demasiado a Dominic y tuvo una crisis nerviosa que se complicó. Está en observación, sus niveles se dispararon... necesito que Dominic lo vea, necesito que lo ayude a estabilizarse.

Grace cerró los ojos, sintiendo un peso enorme sobre sus hombros. La situación era un campo minado.

—Voy a ver qué dice Dominic... pero recuerda que, oficialmente, él no recuerda nada —le advirtió ella en un susurro—. Pero dime, ¿exactamente qué pasó? ¿Por qué la crisis fue tan repentina?

Maxwell tragó saliva, incapaz de sostenerle la mirada por un segundo antes de confesar la verdad.

—Escuchó lo que no debía, Grace. Se enteró de golpe de que Dominic no es su padre biológico y de que yo... yo soy su verdadero papá. El impacto de la mentira lo destruyó. El niño está colapsando emocionalmente y su cuerpo no lo está resistiendo.

****

Grace entró en la habitación con el corazón en un hilo y se acercó rápidamente a la cama de Dominic. Al escuchar lo ocurrido con Arthur, el rostro de él se demudó por completo.

—¡Mi niño! No es posible... Grace, tengo que verlo ahora mismo —exclamó Dominic, intentando incorporarse a pesar de la debilidad.

—Sí, pero debes tener cuidado con lo que le dices —le advirtió ella, sujetándolo por los hombros—. Si quieres que el plan de que todos crean que no recuerdas nada funcione, no puedes delatarte frente a los demás.

Dominic apretó la mandíbula, procesando la dificultad de la situación.

Los demás asintieron, respetando su petición. Ayudaron a Dominic a colocarse la mascarilla y el equipo de protección necesario para entrar en el área estéril. Una vez dentro, se acercó lentamente a la cama donde Arthur descansaba, medio despierto y con la mirada perdida.

—Hola, campeón —susurró Dominic, acercando la silla a la cama—. Soy yo, papá.

Arthur abrió los ojos con dificultad, y un brillo de esperanza iluminó su rostro pálido al verlo.

—Papá Dominic... ¿qué te pasó? —preguntó el niño al verle la cabeza vendada.

—Me operaron, pero me contaron que te pusiste mal —respondió él, acariciándole la mano con suavidad—. ¿Qué sucede?

—Es que... escuché que no eres mi papá —dijo Arthur, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Dominic se inclinó hacia él, bajando la voz para que nadie fuera de la habitación pudiera escucharlos.

—Escúchame bien, Arthur. Aunque no llevemos la misma sangre, siempre vas a ser mi hijo. Nada cambia entre nosotros por eso, ¿entendiste?

—Pero no quiero perderte... —sollozó el pequeño.

—Nunca me vas a perder —le aseguró Dominic con una firmeza que le devolvió la calma al niño—. Al contrario, eres afortunado. Tienes dos papás: uno de sangre y otro de corazón. Dale la oportunidad a Maxwell, recuerda que él te salvó la vida con sus células. Yo siempre estaré pendiente de ti, pase lo que pase.

Arthur esbozó una pequeña sonrisa, sintiendo que el nudo en su pecho se aflojaba por primera vez en horas. El alivio de saber que su vínculo con Dominic seguía intacto le devolvió la fuerza.

Dominic le dio un último apretón de manos y salió de la habitación, recuperando su máscara de amnesia en cuanto cruzó el umbral.

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