Mientras Charlotte intentaba salvar la empresa saliendo en busca de Grace, Dustin permanecía en su oficina, rumiando su humillación y el desprecio con el que su abuela lo había tratado. En ese momento de máxima tensión, su asistente entró para informarle que un inversionista extranjero estaba interesado en adquirir un paquete importante de acciones y que la oferta económica era inusualmente alta.
Llevado por un resentimiento profundo y una ambición ciega, Dustin vio en esto la oportunidad de dar un golpe final a quienes lo habían subestimado.
—Quiero saber qué propone exactamente —sentenció Dustin, ajustándose el nudo de la corbata con manos temblorosas—. Quiero entrevistarme con esa persona ahora mismo. No me importa lo que esté haciendo la abuela.
El enviado de la mujer misteriosa, un hombre de aspecto impecable y mirada calculadora, llegó a las oficinas de Pierce Global apenas treinta minutos después. Dustin lo recibió de pie, tratando de proyectar una seguridad que no sentía.
—Vayamos al grano —soltó Dustin, cruzando los brazos sobre el escritorio—. ¿Por qué alguien querría comprar acciones de una empresa que, según los rumores del mercado, se está hundiendo?
El hombre esbozó una sonrisa profesional, aunque carente de calidez.
—Porque nosotros tenemos los recursos para rescatarla —respondió con voz gélida—. Inicialmente, mi cliente buscaba el 30 %, pero en vista de que el valor ha seguido bajando en las últimas horas, le traigo una propuesta millonaria que no podrá rechazar.
Dustin se inclinó hacia adelante, intrigado.
—Dígame la cifra.
—Le pagaremos el triple de lo que valen las acciones en este momento en la bolsa —aseguró el enviado, observando cómo la avaricia brillaba en los ojos de Dustin—. Pero bajo una condición innegociable: queremos el 51 %. El control mayoritario.
Dustin se quedó en silencio un instante. Sabía que vender el 51 % significaba entregar el imperio que Charlotte y Dominic tanto protegían. Sin embargo, el eco de los gritos de su abuela llamándolo "pendejo" y la figura de Dominic siempre eclipsándolo fueron el impulso final.
—Acepto —dijo Dustin con una frialdad vengativa—. Si ellos no me quieren como CEO, entonces se quedarán sin empresa. Hagamos el contrato ahora mismo, antes de que alguien intente detenernos.
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Mientras los gemelos, Derek y Doménica, se encontraban en la escuela. Dominic estaba sentado en el comedor, concentrado en los informes confidenciales de Pierce Global que Grace recibía de sus contactos, analizando con frialdad el desastre que Dustin estaba provocando. De pronto, el aroma intenso y especiado del lomo saltado que Grace cocinaba inundó el lugar.
Dominic cerró la carpeta, se puso en pie y caminó hacia la cocina atraído por el olor y por la figura de la mujer que amaba. Se detuvo justo detrás de ella y le rodeó la cintura con los brazos, pegando su pecho a la espalda de Grace.
—Huele delicioso —susurró Dominic antes de presionar sus labios contra el cuello de ella, dejando besos húmedos que la hicieron estremecer—, extrañaba tu comida.
—Dominic, vas a hacer que se me queme la comida —protestó Grace con una sonrisa, aunque su respiración comenzaba a agitarse.
—No importa, pedimos a domicilio —respondió él con decisión.
Dominic estiró la mano para apagar las hornillas, cortando el fuego de golpe. La tomó de los hombros y la giró para que quedara frente a él, atrapándola contra el borde del mesón. La besó en los labios con una urgencia que ella correspondió de inmediato, enredando sus manos en el cabello de él.
—No puedo creer que te tenga así entre mis brazos, que te haya recuperado y que esté con mis hijos —le dijo él entre besos, con la voz ronca por el deseo.
—Ni yo puedo creer que después de tanto dolor estemos juntos —respondió Grace, mirándolo a los ojos.
Dominic apretó la mandíbula, procesando la magnitud de la traición de su primo. Sin embargo, una sonrisa gélida asomó en su rostro.
—Déjalo —sentenció Dominic—. Cuando la persona que compre se dé cuenta de que todo esto fue un fraude, Dustin tendrá que responder ante la justicia. Se está cavando su propia tumba.
—Ten cuidado, Dominic —advirtió su abogado—. Esa persona puede ser alguien con mucho poder que intente adueñarse de la empresa aprovechando el vacío legal.
—No puede adueñarse de algo que no le pertenece, tú mejor que nadie lo sabes —replicó él con seguridad—. Pero gracias por avisarme, Anthony. Estaré pendiente de cada movimiento.
Al colgar, Grace lo miró con preocupación mientras se arreglaba la ropa.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, notando el cambio de humor en su semblante.
—Dustin está intentando vender la empresa —le contó Dominic, con la voz cargada de desprecio—. Está ofreciendo mis acciones como si fueran suyas.
—Ese hombre ha perdido la cabeza por completo —dijo Grace, atónita ante la audacia de Dustin.
En ese preciso momento, el timbre del apartamento sonó con una insistencia autoritaria. Grace caminó hacia la entrada y revisó la pantalla del portero eléctrico. Su rostro palideció ligeramente al ver la figura rígida y elegante que esperaba afuera.
—Dominic, es tu abuela —anunció Grace, girándose hacia él—. Charlotte está aquí.

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