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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 138

Dominic entró al departamento sintiendo que la sangre todavía le palpitaba con fuerza en las sienes. Las palabras de André, esa forma tan sucia y descarada de referirse a Grace, se le habían quedado clavadas como astillas bajo las uñas. Tenía ganas de romper algo, de gritar, de dejar de fingir por un segundo y salir a buscar a ese infeliz.

—¡Papá, volviste! —el grito de Doménica rompió el silencio de su tormenta interna.

La niña corrió hacia él y se abrazó a sus piernas con tanta fuerza que lo obligó a detenerse. Dominic respiró hondo, forzando a sus músculos a relajarse. No podía permitir que ellos sintieran la oscuridad que traía encima.

—¿Qué es esto? —preguntó Dominic, bajando la mirada y forzando una sonrisa mientras Derek se acercaba con un cuaderno de dibujo.

—Es para mamá —dijo Derek con orgullo, mostrándole un trazo firme de cuatro figuras tomadas de la mano frente a una casa—. Como ella ahora es la jefa, dice que necesita un cuadro para su oficina nueva.

Dominic se agachó para quedar a la altura de sus hijos. El pecho le dolió de una forma distinta. La pureza con la que sus hijos veían a Grace era el escudo más grande contra las porquerías de André.

—Es el dibujo más bonito que he visto, campeón —murmuró Dominic, revolviendo el cabello de su hijo.

—Papá, ¿estás triste? —Doménica le tomó el rostro con sus manos pequeñas, obligándolo a mirarla. Su intuición de niña siempre lo desarmaba—. Tienes los ojos enojados.

Dominic sintió un nudo en la garganta. La tensión por proteger el honor de su mujer se mezclaba con la ternura absoluta de sus hijos. Se sentó en la alfombra con ellos, dejándose caer, permitiendo que la cercanía de los niños fuera su ancla.

—No estoy triste, princesa —mintió con voz suave, aunque sus dedos apretaban el borde del cuaderno de Derek—. Solo estaba pensando en lo mucho que quiero a su mamá. En que ella es la mujer más valiente y especial del mundo, ¿verdad?

—¡La más especial! —exclamó Derek, sentándose a su lado.

—Cuando sea grande, quiero ser como ella —auguró Doménica.

Dominic atrajo a ambos hacia su pecho en un abrazo asfixiante, cerrando los ojos. El eco de las burlas de André empezó a desvanecerse ante el aroma dulce e infantil de sus hijos.

—Escuchen bien —les dijo Dominic, y su voz recuperó esa autoridad protectora que siempre lo definía—. Siempre, pase lo que pase, vamos a cuidar a mamá. Porque ella nos eligió a nosotros por encima de todo. Ella es nuestra reina, ¿entendido?

—Sí, capitán —respondió Derek con un saludo militar que hizo que Dominic soltara la primera risa honesta del día.

En ese momento, Dominic lo supo: André no solo se enfrentaba a un CEO recuperando su poder, se enfrentaba a un hombre que mataría por la dignidad de la familia que estaba ahí mismo, sentada sobre una alfombra, recordándole por qué valía la pena cada maldito segundo de lucha.

****

André entró en la oficina de Grace con una sonrisa ensayada, sosteniendo un ramo de flores frescas y una caja de chocolates de apariencia costosa. Grace levantó la vista de sus documentos, manteniendo una expresión neutral.

—No es necesario que me traigas regalos, André —dijo ella, con voz cortante.

—Tú y yo siempre fuimos amigos, Grace —respondió él, dejando los obsequios sobre el escritorio con excesiva confianza.

Cap. 138: Plan con maña. 1

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