Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 156

Dominic observó a su padre derrumbado en la silla, sintiendo que una mezcla de lástima y una amarga comprensión le suavizaba la rigidez del rostro. Era la primera vez en su vida que veía a ese hombre tan expuesto, despojado de la opulencia de los Pierce, reducido a pura culpa. Dio un paso al frente y le puso una mano firme en el hombro.

—Cálmate, papá —le dijo Dominic, con una voz baja pero decidida—. Ya estoy haciendo lo posible por conseguir un corazón. Grace está moviendo todos los contactos en los estados cercanos. No nos vamos a quedar de brazos cruzados.

Dimitric levantó el rostro, con los ojos rojos, las mejillas húmedas y la mirada completamente perdida. Negó con la cabeza, desgarrado por un dolor que parecía salirle desde el fondo del pecho.

—Pero no tenemos tiempo, Dominic... —soltó Dimitric, con la voz rota y un hilo de saliva amarga en la garganta—. Ella no merece lo que le está pasando. Entiendo que quizás yo no tenga un futuro a su lado, sé que me odia y tiene toda la razón... pero ella tiene que vivir. Tiene que vivir, aunque yo no vuelva a verla nunca más.

El hombre se pasó las manos temblorosas por el cabello revuelto, respirando con dificultad mientras la ansiedad comenzaba a recorrerle el cuerpo de forma visible. Miró a los lados, desesperado, como un animal acorralado por sus propios demonios.

—Necesito un trago —soltó de golpe Dimitric, apretando los puños—. Necesito un maldito trago ya, Dominic. Siento que me voy a morir aquí mismo.

Dominic apretó el agarre en su hombro, obligándolo a sostenerle la mirada con severidad.

—No, papá —le espetó Dominic, con un tono tajante que no admitía réplicas—. Tienes que desintoxicarte. No puedes seguir arruinando tu vida y tu salud de esta forma. Ya viste lo que te dijo el médico, el alcohol te está destruyendo por dentro. Tienes que parar.

Dimitric soltó una risa amarga, vacía, que se convirtió en un sollozo seco. Se soltó del agarre de su hijo y se encorvó sobre sus propias piernas, hundiéndose más en su miseria.

—¿Parar para qué? Soy un parásito... —confesó Dimitric, golpeando el suelo con el zapato en un gesto de puro autodesprecio—. No fui un buen esposo, ni un buen padre... No fui nada. Solo un cobarde que se escondió detrás de una botella mientras mi madre deshacía mi familia. No sirvo para nada.

—Ya no puedes volver atrás, papá —le recordó Dominic, clavándole una mirada intensa, llena de un peso emocional crudo—. Lo que pasó, pasó. Pero sí puedes pensar en el futuro. Tienes que reponerte por ti, por nosotros.

Dimitric lo miró con una mueca de agonía, con los dedos temblándole con tanta fuerza que apenas podía controlarlos. La necesidad física del vicio le estaba ganando la batalla en ese segundo de máxima tensión.

—Entiende... necesito beber —suplicó Dimitric, con un hilo de voz humillante—. Aunque sea un trago, Dominic. Solo uno para detener este temblor. Por favor.

Dominic se enderezó, recuperando su postura imponente y gélida, y lo miró sin un gramo de condescendencia.

Cap. 156: Un nuevo ataque. 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO