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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 158

Grace llegó corriendo al pasillo de cardiología, con la respiración entrecortada y las mejillas encendidas por la agitación. Empujó las puertas batientes y buscó desesperadamente con la mirada hasta que encontró a Dominic, quien se encontraba solo en la sala de espera, sentado con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos.

Se acercó a toda prisa, acortando la distancia entre los dos con pasos rápidos. Al escuchar el eco de sus tacones, Dominic levantó la vista de golpe.

—¡Encontramos un corazón, Dominic! —soltó Grace, con la voz entrecortada por el esfuerzo físico, pero cargada de una alegría desbordante—. Maxwell ya coordinó todo. El donante está en Filadelfia y el órgano llega en dos horas. En dos horas, Dominic.

Dominic se levantó de golpe, como si una descarga eléctrica lo hubiera devuelto a la vida. Sin decir una sola palabra, dio un paso al frente y la estrechó entre sus brazos. Fue un abrazo fuerte, desesperado, un agarre tan firme que parecía que temía que ella desapareciera si la soltaba. Apoyó el rostro en el cuello de Grace y, por primera vez, se desahogó por completo, permitiendo que su cuerpo temblara bajo el peso del alivio masivo que lo inundaba.

—Gracias... Dios mío, gracias, Grace —susurró Dominic con la voz rota, ahogada por la emoción, abrazándola aún más fuerte—. Te lo agradezco con el alma, mi amor. No sé qué habría hecho sin ti. Me salvaste.

Grace rodeó su espalda con suavidad, acariciando su nuca con movimientos lentos, transmitiéndole toda la calma que él necesitaba. Lo consoló en silencio durante unos segundos, dejando que él soltara toda la tensión acumulada.

—Tranquilo —le dijo Grace en un susurro tierno pero firme, separándose apenas unos centímetros para mirarlo a los ojos—. Ya pasó lo peor. La condesa se va a salvar, Dominic. Los médicos operarán en cuanto llegue el helicóptero y ustedes tendrán tiempo de convivir, de hablar y de sanar como madre e hijo. No desaproveches esta oportunidad que la vida te está dando.

Dominic la observó, con los ojos empañados pero con una determinación inquebrantable reflejada en sus facciones. Le tomó el rostro con ambas manos, acariciándole las mejillas con una devoción profunda.

—Claro que no la voy a desaprovechar —sentenció Dominic, con la voz recuperando su potencia natural—. Como tampoco voy a desaprovechar la oportunidad de tenerte a ti y a mis hijos a mi lado. Nunca más.

Sus ojos se endurecieron por un instante, transformándose en dos piezas de hielo al recordar el sabotaje del puerto y todo el daño del pasado.

—Apenas mi madre esté a salvo, voy a poner orden en mi familia y en la empresa —aseguró Dominic con una frialdad letal—. Charlotte Pierce va a pagar por cada una de sus maldades. La culpable de todo nuestro sufrimiento va a pagar, te lo juro por mi vida. No tendré piedad.

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