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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 163

Maxwell se enderezó, mirándola con una mezcla de orgullo profundo y devoción absoluta. Dio un paso al frente, acortando la distancia entre los dos, y le tomó las manos con firmeza.

—Así se habla, esa es la mujer de la que me enamoré —le dijo Maxwell, con un tono de voz maduro, seguro de sí mismo—. Y sabes perfectamente que estoy aquí para defenderte, Sarah. Ya no soy el mismo empleado pobre que tu papá humillaba y pisoteaba. Ahora tengo los recursos, el poder legal y los pantalones para destruir a cualquiera que intente ponerte un dedo encima o manchar tu nombre. No estás sola en esto.

Sarah esbozó una sonrisa genuina, sintiendo que un calor reconfortante le inundaba el pecho. Se empinó ligeramente, rodeó el cuello de Maxwell con sus brazos y lo besó con ternura, uniendo sus labios en un pacto silencioso de amor y resistencia frente a la tormenta.

—¡Papá, mamá, ya, dejen de besarse que se nos hace tarde para ver a los niños! —exclamó Arthur arrastrando las palabras debido a la mascarilla, mientras se cruzaba de brazos con un divertido gesto de impaciencia infantil.

Sarah y Maxwell se separaron de inmediato, soltando una carcajada limpia que llenó el apartamento de una ligereza que les había hecho falta durante meses. Maxwell le dio un último beso rápido en la frente a Sarah antes de abrir la puerta principal.

—Nos vemos en la tarde, mi amor. Suerte en la joyería —se despidió Maxwell, tomándole la mano a Arthur—. Vamos, campeón, tus hermanos nos están esperando.

*****

Dominic entró despacio a la habitación de los niños, encontrándolos ya despiertos, sentados en sus camas con las sábanas revueltas y unas caritas de evidente desánimo. Al verlo cruzar el umbral, los ojos de Derek y Doménica se abrieron de golpe. Dominic se acercó a paso rápido, se sentó en el borde de una de las camas y los atrajo hacia sí, dándoles un beso tierno en la frente a cada uno.

—Supe por Rose que están tristes y que me extrañaron mucho ayer —les dijo Dominic, suavizando su imponente voz para transmitirles total calma—. Lo siento mucho, mis campeones, pero he estado atendiendo una emergencia. La buena noticia es que ya estoy aquí, y les tengo otra sorpresa aún mayor.

Derek bajó la mirada, jugueteando con el borde de su pijama, mientras Doménica suspiraba con desgano.

—Es que nos sentimos solos, papá —confesó Derek, con la voz pequeñita—. Tú y mamá no estaban, y papá Maxwell ya no nos visita como antes. Pensamos que se habían enojado con nosotros o que ya no nos querían.

A Dominic se le encogió el corazón por un segundo al escuchar la confusión de sus hijos, pero sonrió de inmediato para disipar cualquier rastro de duda en sus mentes.

—Eso nunca, ustedes son lo más importante para nosotros —aseguró Dominic, revolviéndoles el cabello—. Y de hecho, Maxwell está viniendo para acá en este mismo momento. Y adivinen a quién trae con él...

Los niños se miraron entre sí, confundidos, hasta que a Doménica se le iluminó el rostro.

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