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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 164

El timbre del apartamento resonó y Derek y Doménica corrieron a toda prisa hacia la entrada, empujándose sutilmente el uno al otro por ver quién abría primero. Al tirar de la manija, los ojos de ambos niños se iluminaron de golpe al ver al pequeño Arthur de pie en el umbral, llevando su gorra y su mascarilla médica. Aunque la emoción los desbordaba, se detuvieron en seco a un metro de distancia, recordando la advertencia de sus padres de que debían cuidar a su hermano.

—¡Arthur! —exclamaron los dos al unísono, agitando las manos con entusiasmo.

—Hola —saludó el pequeño Arthur con los ojos entrecerrados, delatando la sonrisa oculta detrás del cubrebocas—. Qué bueno verlos.

Maxwell entró detrás de su hijo, cargando una pequeña mochila, y saludó a todos con un gesto amable de la cabeza mientras Dominic y Grace se acercaban. El pequeño Arthur dio un paso al frente y, manteniendo una distancia prudente, estiró los brazos para extenderle una cajita envuelta en papel brillante a Doménica.

—Te traje un regalo —le dijo Arthur, con la voz un poco amortiguada por la tela del cubrebocas—. Espero que te gusten.

Dominic se aclaró la garganta con fuerza, cruzándose de brazos mientras observaba la escena con su habitual rigidez protectora. De inmediato, Grace le dio un sutil pero firme codazo en las costillas, obligándolo a relajar las facciones.

—Bienvenidos, pasen por favor —dijo Grace con una sonrisa oportuna, dándole una mirada de advertencia a su esposo antes de volverse hacia los niños—. Es un detalle muy lindo de tu parte, Arthur.

Doménica, incapaz de contener la curiosidad infantil, comenzó a rasgar el papel brillante con rapidez, haciendo caer los pedazos al suelo hasta que dejó al descubierto una elegante caja de bombones. Al leer la etiqueta, la niña parpadeó confundida y levantó la mirada.

—¡Son chocolates! —festejó la pequeña, pero luego arrugó la nariz con duda—. Pero... ¿son de nueces?

—No, son de otras cosas —respondió Arthur de inmediato, moviendo la cabeza de lado a lado—. Mi mamá Sarah me dijo que posiblemente eras alérgica a las nueces, igual que tu papá, así que compramos unos que no tienen nada de eso.

Doménica sonrió de oreja a oreja, perdiendo toda la timidez, y abrazó la caja contra su pecho.

—¡Gracias, Arthur! Eres el mejor —agradeció la niña con entusiasmo.

—Muchas gracias, Arthur —intervino Grace, acercándose para acariciar el cabello de su hija—. Por ser tan considerado, permitiré que Doménica se coma un chocolate ahora mismo.

Cap. 164: Quiero pedirle la mano de su hija. 1

Cap. 164: Quiero pedirle la mano de su hija. 2

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