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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 166

Doménica y Derek se acercaron corriendo a la banca, con las mejillas coloradas por el juego y las respiraciones agitadas. La niña se detuvo justo frente a Arthur, apoyando las manos en sus rodillas mientras lo miraba con curiosidad.

—¿Por qué no vienes a jugar, Arthur? —preguntó Doménica, ladeando la cabeza—. Estamos jugando a las traes y Derek va a perder porque es muy lento.

—¡Eso no es cierto! —protestó Derek de inmediato, dándole un empujón amistoso en el hombro a su hermana—. No voy a perder.

Arthur miró a los dos hermanos y luego enderezó la espalda con orgullo, señalando a Dominic con su manita.

—No puedo jugar ahorita porque le estoy pidiendo tu mano a papá Dominic —anunció Arthur con total seriedad desde detrás de su mascarilla.

Doménica parpadeó un par de veces, completamente confundida. Se miró su propia mano derecha, la abrió y la cerró, y luego miró a Arthur con los ojos muy abiertos, asustada por la ocurrencia.

—¿Por qué pides mi mano? —preguntó la niña, escondiendo los brazos detrás de la espalda con desconfianza—. No entiendo. ¿Me la quieres quitar? ¿Me va a doler? ¡Yo necesito mis dos manos para jugar!

Dominic y Maxwell tuvieron que morderse los labios al mismo tiempo para no soltar una carcajada que arruinara el momento. Arthur, al ver la reacción de la niña, se rascó la cabeza por encima de la gorra azul, visiblemente confundido también.

—No, yo no te la quiero quitar... Creo que no se corta —admitió Arthur, mirando de reojo a Maxwell buscando ayuda—. No sé bien cómo es. Yo lo que quiero es casarme contigo cuando seamos grandes, pero papá Maxwell dijo que primero debo pedir tu mano.

Derek se metió en medio de los dos, arrugando la nariz con una mueca de profundo asco.

—¡Guácala! ¿Casarse? Eso es de adultos y es muy aburrido —sentenció Derek, cruzándose de brazos—. Además, si te casas con ella, te va a obligar a ver programas de princesas todo el día, Arthur. No te conviene.

Doménica ignoró a su hermano, todavía dándole vueltas al asunto en su cabeza infantil. Miró a su papá Dominic con un gesto de súplica.

—Papá, no le des mi mano —le pidió la niña, acercándose a la banca—. Dile que mejor le doy un juguete, pero mi mano no, porque luego ¿cómo voy a comer chocolate?

Dominic estiró el brazo y cargó a su hija, sentándola en su regazo mientras acariciaba su cabello, completamente conmovido por la inocencia de los tres.

—No te preocupes, mi princesa, nadie te va a quitar nada —le aseguró Dominic, mirando con una sonrisa al pequeño Arthur—. Arthur solo quiere decir que te va a cuidar mucho siempre, como el caballero que es. Pero todavía falta muchísimo tiempo para eso.

—Ah... —soltó Doménica, aliviada, y miró a Arthur con una sonrisa de oreja a oreja—. Bueno, si no me vas a cortar la mano, entonces sí puedes ser mi novio cuando grandes. ¡Pero ya ven a jugar, que Derek nos va a ganar!

Cap. 166: Propuesta irreal. 1

Cap. 166: Propuesta irreal. 2

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