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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 17

La cena transcurría tranquila en el comedor de la casa. Maxwell reía mientras ayudaba a Domenica a cortar su carne, y Grace observaba la escena intentando aferrarse a esa paz doméstica. Estaban hablando sobre el primer día de clases y de cómo una de las maestras les había pedido hablar sobre sus familias para un proyecto escolar.

—La maestra dijo que todos nos parecemos a alguien de nuestra familia —comentó Domenica, dejando el tenedor a un lado y mirando a Maxwell con curiosidad—. Pero tú tienes los ojos cafés papá.

Derek, que hasta ese momento estaba concentrado en su comida, levantó la cabeza y frunció el ceño. Se quedó analizando el rostro de Maxwell con una seriedad que no correspondía a sus cinco años.

—Es verdad —añadió el niño, dejando caer la cuchara sobre la mesa—. ¿Por qué yo no me parezco a ti? Mis ojos son grises y los tuyos cafés. Domenica también tiene de mi color y nosotros no nos parecemos a ti.

Grace sintió un pinchazo seco en el pecho. Se quedó rígida, apretando el tallo de su copa de vino mientras el reflejo de las luces del comedor parecía distorsionarse frente a ella. En su mente se instaló de golpe la imagen de Dominic Pierce; esos mismos ojos grises y esa mirada intensa que ahora veía cada mañana en el rostro de su hijo.

Maxwell no flaqueó. Mantuvo la calma y dejó su servilleta sobre la mesa con un movimiento pausado, mirando a Grace de reojo antes de dirigirse a los pequeños. Ella evitó el contacto visual, concentrada en controlar su respiración para que no notaran su agitación. Para Grace, Dominic no merecía saber de ellos, ni ellos merecían saber que llevaban la sangre de un hombre que, según su convicción, había intentado terminar con sus vidas antes de que empezaran.

—Eso se llama genética, campeones —explicó Maxwell con una sonrisa tranquila—. A veces no nos parecemos directamente a nuestros padres, sino a los antepasados de hace muchos años. Seguramente algún bisabuelo o un pariente que no conocieron tenía estos mismos ojos grises. La naturaleza elige qué rasgos darnos de todo el historial de la familia.

—¿Como en los programas de televisión de ciencias? —preguntó Derek, aunque seguía observando el color de ojos de Maxwell con fijeza.

—Exactamente así —asintió Maxwell, dándole un apretón afectuoso en el hombro al niño—. Son rasgos que saltan generaciones y aparecen cuando menos lo esperas.

Los niños se quedaron en silencio, aceptando la explicación de momento, aunque Derek seguía mirando su propio reflejo en la cuchara, buscando algo más en sus facciones. Grace soltó el aire que tenía retenido y se obligó a sonreír, aunque el nudo en su garganta no desaparecía.

—Coman, se va a enfriar —dijo Grace con voz firme, recuperando el mando de la mesa—. Mañana es un día largo y tienen que descansar.

Maxwell la miró con complicidad y una pizca de tristeza. Sabía que la mentira era necesaria para protegerlos, pero también era consciente de que el parecido físico de Derek era una evidencia peligrosa. Mañana, Dominic Pierce estaría en la ciudad, y era mejor que no se encontrara con los niños.

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C17: Cambio de planes. 1

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