Apenas la puerta del apartamento se abrió, Derek y Doménica salieron corriendo a recibir a sus padres con una energía desbordante. Al entrar Doménica no perdió ni un segundo; se plantó frente a su mamá con las manos en las caderas y el rostro iluminado por una enorme sonrisa de orgullo infantil.
—¡Mamá! —anunció la niña en voz alta—. ¡Cuando sea grande me voy a casar con Arthur porque mi papá Dominic ya nos dio permiso hoy en el parque!
Grace se detuvo en seco, soltando una carcajada limpia mientras se quitaba el abrigo. Miró a la pequeña con total diversión, arqueando una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Seguro que tu papá te dio permiso para eso? —preguntó Grace, aguantándose la risa.
—¡Sí! Pregúntale a él si no me crees —insistió Doménica, señalando con el dedo al imponente CEO que venía entrando.
Grace giró el rostro de inmediato para clavarle a Dominic una mirada cargada de picardía y asombro. Dominic, atrapado, se aclaró la garganta, acomodándose el cuello de la camisa para intentar recuperar su habitual postura seria, aunque una sutil sonrisa lo delataba.
—Son niños, Grace... —se defendió Dominic, cruzándose de brazos—. Espero que de adultos cambien de opinión y se les pase la idea.
Grace volvió a reírse, negando con la cabeza ante la resignación de él. Fue en ese momento cuando Derek intervino, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón con un gesto de madurez fingida y una mueca de lástima.
—Pobre Arthur... Yo mismo le advertí en el parque que Doménica no le conviene para nada, pero es un necio y no me quiso hacer caso —sentenció el niño con total seriedad.
Dominic asintió con gravedad, apoyando una mano en el hombro de su hijo como si compartieran el secreto más importante del mundo.
—Pero debes seguir insistiendo, hijo —le aconsejó Dominic, dándole una mirada de complicidad—. Sigue diciéndole que sea inteligente y que mejor se busque a otra novia.
—¡Dominic! —lo reprendió Grace de golpe, dándole un suave toque en el brazo con los ojos entornados—. Deja de enseñarle esas cosas al niño.
Dominic sonrió de lado, rindiéndose ante el regaño de su mujer, pero de inmediato su semblante cambió a uno completamente protector. Se acercó a ella, tomándola suavemente por la cintura mientras la recorría con una mirada cargada de profunda atención.
—Ya de verdad, Grace, debes ir a descansar, cariño —le dijo Dominic con una voz suave pero firme, recordando el reciente susto en el hospital—. Tuviste un día muy pesado.
Grace rodó los ojos con fingida exasperación, aunque una sonrisa tierna se le dibujó en los labios al sentir la devoción de su hombre.
—Estoy perfectamente bien, Dominic, no empieces a sobreprotegerme desde el primer día —le pidió Grace, colocando sus manos sobre el pecho de él—. Me encanta que me cuides, de verdad, y me hace muy feliz que compartamos todo este proceso juntos... pero déjame estar un rato con los niños primero.
Al escuchar la palabra "proceso" y notar la intensa atención de su padre, Derek y Doménica se acercaron a la camilla del recibidor, frunciendo el ceño con preocupación.

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