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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 19

Dominic se detuvo frente a la niñera de Arthur antes de cruzar el umbral del edificio. El sol de San Francisco brillaba, pero el viento de la bahía ya empezaba a sentirse fresco.

—Quédense en el parque de enfrente —ordenó Dominic, ajustándose el reloj—. Si el clima cambia o empiezo a demorar mucho, entren a uno de los restaurantes. Cualquier emergencia, llámenme de inmediato.

—Papá, yo quiero estar en la junta —protestó Arthur, cruzándose de brazos.

—No puedes, campeón. Esta reunión no es apta para niños —Dominic se puso a su altura y le revolvió el cabello con una ternura que solo reservaba para él—. Apenas termine, te llevaré a conocer sitios increíbles. Lo prometo.

El niño aceptó con un suspiro y se alejó con la niñera. Dominic se enderezó y levantó la vista hacia la cima del edificio de cristal. Un letrero imponente deslumbraba su vista: Foster & Scott Holdings. Sintió un pinchazo seco en el pecho. Sabía que Grace trabajaba allí, que esa era su casa, y la posibilidad de que sus mundos chocaran en ese pasillo le provocaba una ansiedad que no lograba domar.

Entró en el vestíbulo y se dirigió a la recepción.

—Tengo una junta con los directivos de Pacific Blue Holdings —dijo Dominic, usando el nombre de la empresa pantalla que Grace creó para comprar los terrenos.

—Piso catorce.

El ascensor comenzó su ascenso suave y silencioso. Dominic se miró en el espejo de las puertas metálicas, pero no vio su reflejo actual, sino el rostro de Grace aquella noche en el departamento de archivos. Se habían quedado solos, rodeados de estanterías interminables. Ella subió a una pequeña escalera para alcanzar una caja pesada, pero el metal cedió y Grace resbaló. Dominic reaccionó antes de que ella tocara el suelo; la atrapó por la cintura, pegando el cuerpo de ella contra su pecho con una brusquedad que les robó el aliento.

Sintió el calor de su piel a través de la fina blusa y el aroma a vainilla que ella siempre desprendía. Grace lo miró con los labios entreabiertos y esos ojos cargados de una luz que lo desarmó por completo. Dominic no pudo más. Ignoró todas las reglas que él mismo había impuesto y la besó con una desesperación salvaje, una urgencia que lo hizo temblar. Fue un beso profundo, con sabor a café frío y a un deseo contenido que explotó en ese pequeño rincón oscuro. Dando inicio al romance secreto que había tenido con su asistente.

El sonido del ascensor llegando al piso catorce lo sacó del trance. Salió al pasillo y encontró una oficina pequeña, de diseño sobrio. Se acercó a una de las asistentes.

—Tengo una cita con los abogados, soy Dominic Pierce.

La muchacha asintió, se puso de pie.

—Sígame.

Lo guio a una de las oficinas, una pequeña sala de juntas con vista a la ciudad.

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