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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 203

Antes de partir, Dominic caminó con sigilo hacia la alcoba principal para avisarle a Grace. Al entrar, la encontró profundamente dormida, acurrucada entre las mantas. Los primeros síntomas de su embarazo la dejaban exhausta a esas horas de la mañana. Dominic se acercó a la cama, contemplándola con infinita ternura; no quería despertarla, pero era necesario. Se sentó en el borde del colchón y le acarició suavemente el cabello.

—Cariño... despierta —le murmuró al oído con voz suave.

Grace parpadeó lentamente, estirándose un poco antes de fijar sus ojos en él.

—¿Dominic? ¿Pasó algo malo?

—Al contrario, mi amor. Debemos salir hoy mismo a arreglar las cosas, pero Maxwell será libre.

Grace se incorporó de inmediato en la cama, con los ojos brillantes por la sorpresa.

—¿En verdad? ¿Asunto resuelto?

—Sí, lo prometo. El caso se va a caer —aseguró Dominic, dándole un tierno beso en la frente—. Escúchame, los niños se van a quedar aquí en la sala jugando con el hijo de Anthony, pero prepárate mentalmente. Hay una guerra de celos espantosa entre Arthur y el hijo de Tony por Doménica. En cuanto regrese, voy a encerrar a mi hija en un convento. No voy a soportar esto.

Grace soltó una carcajada limpia y sonora, negando con la cabeza ante el drama de su esposo.

—No seas exagerado, Dominic, apenas son unos niños —le dijo, soltando una risita mientras se quitaba las cobijas de encima y se levantaba despacio, acomodándose la ropa—. Anda, ve a resolver ese asunto. Yo me levanto, voy a la sala con los niños para cuidarlos y asegurarme de que nadie salga herido por el amor de Doménica. Pero eso sí... cuando regreses, me traes un frasco de aceitunas verdes y jarabe de chocolate. Se me antojaron muchísimo justo ahora.

Dominic arrugó la nariz con una mueca de absoluto espanto ante la extraña combinación del antojo, pero le sonrió con adoración.

—Tus deseos son órdenes, mamá. Te traeré tu frasco. Nos vemos en un rato.

****

Arthur Colleman se levantó de su imponente sillón de cuero en cuanto la puerta de su estudio privado fue empujada sin previo aviso. Sus ojos se llenaron de rabia al ver al grupo que interrumpía su espacio.

—¿Ustedes cómo se atreven a entrar así a mi casa? —bramó el anciano, apretando los puños sobre el escritorio de caoba.

Dominic dio un paso al frente, con una postura rígida y una mirada gélida que congeló el aire de la habitación.

—Tenemos asuntos importantes que hablar, Arthur —soltó Dominic, sosteniéndole la mirada sin un solo parpadeo.

El viejo soltó una risa seca, cargada de desprecio.

—¿Negocios?

Anthony dio un paso hacia el frente, acomodándose la chaqueta del traje y rompiendo la distancia con la seguridad que le daban sus años en las cortes federales. Su tono fue plano, desprovisto de cualquier emoción, letal.

—No son negocios, señor Colleman. Vengo en calidad de abogado del señor Foster —sentenció Anthony, colocando una carpeta con el sello de su buffet sobre la mesa—. Vengo a informarle exactamente en qué delito federal está implicado y los cargos criminales por espionaje financiero, hackeo y robo de datos que vamos a presentar en su contra ante la fiscalía en las próximas dos horas si no coopera.

Cap. 203: Solo en su propia miseria. 1

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